Viernes 14 de junio

 

El odio provoca peleas, pero el amor perdona todas las faltas.

Proverbios 10,12

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“Si te enojás, y seguís enojado, sólo perdés el tiempo y te hace mal al hígado” decía mi abuela. Pero así somos, y una vez enojados suele suceder que lo guardamos cual preciosa joya para que no se pierda. Y se convierte en odio – que es veneno puro, del mejor.

Pensémoslo una vez desde otro ángulo: Pienso que Dios no está muy contento si nosotros, los humanos, nos odiamos, porque erramos el camino.

A modo de ejemplo sólo quiero constatar que inclusive si se persiste con una “cara larga” durante todo un día, este hecho ya afecta negativamente la salud mental y también la física.

En el mismo momento en que empezamos a odiar a alguien podemos afirmar que no tenemos en cuenta que lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio (Gálatas 5,22s.).

¡Sí! Es una lista bastante larga de dones que pueden llegar a concretarse si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo.

Puede ser que vos no sepas bien quién es el Espíritu Santo y qué función cumple, lo cual sería muy importante para ti. Permitime, pues, dar una definición muy mía: El Espíritu Santo es Dios mismo en acción.

Como nuestro Dios no es atropellador, no nos “lleva por delante”. Al Espíritu Santo hay que pedirlo (léase Lucas 11,13), así como le tenemos que pedir que nos libre del enojo, la bronca y el odio.

¡LIBRE! Vivir libre; eso es una de las cosas más bellas y maravillosas del mundo.

Y no está lejos de nosotros. Sólo a un “juntar las manos en oración”, y pedir que nos libre del peso del odio, del rencor y de toda esa basura que nos infecta la mente y el corazón.

LIBRE para hacer cosas con Dios es más que lindo y bueno. ¡Es ser feliz en Dios! ¡Amén!

Winfried Kaufmann

Proverbios 10,6-12