Viernes 2 de agosto

 

El que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.

Mateo 7,24

En el Cancionero Evangélico para Niñas y Niños de nuestra Iglesia encontramos una canción de la señora Irene Schwiderke, que les gusta mucho a los chicos de la catequesis por su ritmo y su simplicidad. Esta canción termina afirmando: “el que me oye y me sigue en la roca edificó”. Escuchar las enseñanzas y aplicarlas en la vida cotidiana es como construir la vida con un basamento y una fundamentación que perdura y prevalece.

Enseñanzas simples y claras que ayudan a que la vida, a la larga o a la corta, no termine en un desastre como una casa que se derrumba cuando llega la creciente, porque está basada y construida sobre arena, que se mueve y se desplaza.

Vivir con la sabiduría basada en Jesús implica tener los valores del cuidado del uno para con el otro, como la vara más alta de medida.

Vivir a partir de esta sabiduría nos dará salud mental, física, una saludable relación con el otro e incluso una sabia relación con el me-dio ambiente donde estamos insertos. Pequeños gestos, de cuidarnos unos a otros, que seguramente reverberarán multiplicándose a nuestro alrededor.

Partimos del amor, de la sabiduría y la simpleza como los niños de la catequesis, que cantan esta canción con tanta alegría y con tanto entusiasmo. Alegría basada en Jesucristo que se entrega sin dudar para que el mundo sea distinto. Que se entrega para ser nuestro fundamento, haciendo de nuestra vida una casa que no se derrumbará ante el primer embate.

Waldemar von Hof

Mateo 7,24-29