Viernes 24 de julio

En aquel día reuniré a mis ovejas, a las que había castigado: a las impedidas, cansadas y dispersas. Con ellas, con las que hayan quedado, haré una nación poderosa.

Miqueas 4,6-7

Miqueas, en hebreo significa “¿quién como Dios?”, era un profeta que vivía en una aldea llamada Moréset, a 45 kilómetros de Jerusalén. Campesino, sin conexiones con el templo o con la corte, nadie mejor que él para sentirse libre de denunciar y poner en evidencia los vicios de una ciudad como Jerusalén.

Afirma que el culto y los sacrificios del templo, si no se traducen en justicia social, están vacíos de sentido. Ataca a políticos y sus sobornos, a los falsos profetas que predican por dinero y hacen adivinaciones, contra los jueces, la avaricia, la acumulación de riquezas, etc. Pero a la vez, ve la esperanza de la restauración del pueblo, gracias al poder
y la misericordia de Dios, “el Señor ama la misericordia, destruirá las culpas y las arrojará al fondo del mar” (7,8).

Aquí podemos ver lo que Jesús va a predicar más adelante, un Dios misericordioso y justo. Que siempre está con el más sufrido, el pobre, el inválido y el que se aleja. Ellos son los que el Señor va a juntar nuevamente.

Creo sinceramente que ahí estamos todos, ya que todos tenemos pobreza, espiritual o económica, todos tenemos alguna invalidez y todos nos alejamos en algún momento, de Dios y del prójimo. Lo lindo es sentirse parte de ese rebaño, que vamos caminando juntos, como iglesia. Con dolores, falencias e injusticias también. Pero sin perder la esperanza.

¡No bajemos los brazos en las dificultades de nuestra vida porque Dios está!

Alberto Olivero Ham

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *