Viernes 3 de enero

 

En el momento de salir del agua, Jesús vio que el cielo se abría y que el Espíritu bajaba sobre él como una paloma. Y se oyó una voz del cielo, que decía: “Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido.”

Marcos 1,10-11

Este es mi Hijo amado, a quien he elegido.

Qué lindo es ser parte de una familia. Sentirse miembro de una familia. No sentirse solos, sino ser conscientes de que somos par- te de algo más grande, de algo, que cuando nací, ya existía.

La familia comienza con los padres e hijos. Es la primera comunidad de la que formamos parte. Luego, a partir del bautismo, sabemos que también somos parte de una familia un poco más grande, la familia que Dios mismo crea.

El Evangelio de hoy nos recuerda que cuando Jesús fue bautizado “se oyó una voz del cielo que decía: este es mi hijo amado, a quien he elegido”.

Estas palabras también valen para cada uno de nosotros. Dios nos hace sus hijos. Somos familia de Dios. Vivamos como tales.

Se suele decir que uno ve de qué familia es quien por el parecido que hay en lo físico, pero también en la forma de ser y de actuar.

Por tanto “como hijos amados de Dios, procuren imitarlo. Traten a todos con amor, de la misma manera que Cristo nos amó y se entregó por nosotros…” (Efesios 5:1-2). Vive de tal manera que todos te reconozcan como hijo de Dios. Amén.

Ricardo A. Becker

Marcos 1,9-13