Viernes 8 de enero

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a anunciar el año favorable del Señor.

Lucas 4,18-19

Estamos ante un pasaje fundamental en cuanto a la misión de Jesús para con este mundo. Hablar de misión es hablar de la primera responsabilidad que tenemos como Iglesia de Jesucristo. La misión de Jesús consistió en enseñar acerca del Reino de Dios con palabras y hechos, como un símbolo de esperanza y poder. De manera que Él es el centro de toda enseñanza cristiana y modelo para las comunidades de fe.

La comunidad es una y la igualdad reina para todos, no hay diferencias ni distancias. La comunidad es el origen y sustancia de la iglesia. Es ella la encargada de enseñar el amor de Dios, la cordialidad, los valores del Reino y de establecer relaciones personales y solidarias. Sus enseñanzas deben generar frutos en todos sus miembros para que ellos mismos sean siervos facilitadores de la misión.

Una vez en el grupo de damas trabajamos con la siguiente pregunta: ¿Qué iglesia queremos ser? Las respuestas de las mujeres fueron muy sorprendentes. Algunas dijeron una iglesia solidaria, abierta, inclusiva, comprensible, unida, servidora, familiar, contenedora, de fe. Por acá es el camino que debemos transitar como iglesia.

Enviado soy de Dios, mi mano lista está a construir con él un mundo fraternal. (Canto y Fe N° 150)

Emiliano Torres

Lucas 4,14-21

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