Domingo 10 de marzo

 

1º domingo de Cuaresma. Invocavit

Jesús le respondió: También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”.

Lucas 4,12

DESCARGAR EL AUDIO

A Jonathan no le iba muy bien en la escuela, y ese día tenía uno de los exámenes definitorios. Me encontré con él cuando estaba a punto de irse, recién bañado, perfumado y con el uniforme impecable. Antes de despedirse, me pidió: “por favor, rece por mí, para que me vaya bien en el examen”. Él sabía que si aprobaba yo estaría feliz, así que su pedido me provocó mucha emoción y yo no podía negarme a interceder por él. Pero por un instante, algo me hizo dudar y le pregunté: “Pero Jony, ¿vos estudiaste?” Jonathan inmediatamente bajó su mirada y confirmó mi sospecha: “no” fue su respuesta.

Jesús está en el desierto, luego de ser bautizado. Él se retira para prepararse para el Ministerio. El desierto de Judea, un lugar muy inhóspito y cruel. En ese escenario estaba sólo, no había testigos, pero esa experiencia de las tentaciones fue muy fuerte, ya que seguramente el mismo Jesús se la contó a sus discípulos, y por esa razón aparece relatada en tres evangelios.

Generalmente se entienden a las tentaciones como seducción a hacer el mal, pero aquí es más un poner a prueba. Con este relato, se muestra a un Jesús vulnerable y próximo a las experiencias humanas, lo que hace mucho más significativa la victoria de Jesús sobre las tentaciones.

Es la mayor confusión de muchos, como lo fue con Jonathan, creer que sólo con fe y santidad las cosas se harán mágicamente, ya que muchos confunden dar testimonio de fe con exhibición de poder, lo que es utilizado por muchos milagreros.

Como creyentes, en nuestra comunidad, en el encuentro con la necesidad del prójimo, hemos visto y vivenciado muchas experiencias milagrosas en que indudablemente actuó la mano de Dios sin necesidad de caer en la tentación de hacer exhibición de poder, como fuera tentado el mismo Hijo de Dios.

Con esto se reafirma que Dios también está dispuesto a protegerte a vos, y eso es un gran privilegio.

Rubén Mohr

Salmo 91,1-2.10-15; Deuteronomio 26,4-10; Romanos 10,5-13; Lucas 4,1-13; Agenda Evangélica: Hebreos 4,14-16