Domingo 12 de agosto

 

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12º domingo después de Pentecostés; 19º en el año

Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, nosotros mismos hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Gálatas 2,16

El propio Jesús nos dijo “por sus frutos los conocerán”. La cuestión es que nuestras obras no son una escalera al cielo, sino la respuesta de una vida nueva basada en la fe.

Santiago en su epístola también nos lo recuerda: un hijo de Dios no abandona a su suerte a un hermano en situación de vulnerabilidad. No podemos siquiera pretender hacer méritos frente a nuestro salvador. Nos veríamos como un bebé indefenso demostrándole al padre fuerte sus limitadas y aún no desarrolladas capacidades. Sólo podemos inspirarle ternura a nuestro padre.

Hacer bien al prójimo es la respuesta del hombre de fe en Dios, sin esperar nada a cambio, pues ya lo hemos recibido todo. Estamos dando apenas una pequeña parte, monedas del tesoro recibido, pues la heredad que nos ha concedido nuestro padre es inconmensurable.

Nuestra pequeña fe es la respuesta humana al inmenso amor de Dios. Las buenas acciones no nos acercan a Dios. Si estamos cerca de Dios es por su voluntad y amor, no por nuestros méritos. La fe se asimila a lo que hacemos por amor. Si amamos, hacemos el bien. No les hacemos el bien a las personas que amamos para ganar méritos. No concebiríamos actuar de otro modo, especulando, midiendo el beneficio.

Las acciones de amor son respuestas en el marco de la nueva vida, sólo por  fe en Jesucristo.

¡Dame más fe, Señor Jesús; dame la fe, ¡oh Salvador!, que al afligido da la paz, la fe que salva del temor. (Culto Cristiano Nº 224,1)

Aníbal Barengo

Salmo 34,1-8; 1 Reyes 19,1-10; Efesios 4,25-5,2; Juan 6,41-52

Agenda Evangélica: Gálatas 2,16-21