Domingo 14 de mayo

 

 

¿No han leído ustedes la Escritura que habla de esto? Dice: “Con los cantos de los pequeños, de los niños de pecho, has dispuesto tu alabanza.”

Mateo 21,16

Los domingos que preceden y siguen a la Pascua de Resurrección reciben nombres especiales. Esos nombres dan testimonio de una profunda fe de las comunidades cristianas. Repasemos los domingos posteriores a Pascuas. El primero es: Quasimodogeniti, el milagro de la vida regalada en Pascuas, nos deja como niños recién nacidos, puros, libres de maldad. El siguiente, Misericordias Domini, nos recuerda el corazón bondadoso de Dios, que siempre está a nuestro lado; por eso no queda más que alegrarse: Jubílate. Tanto nos ama el Padre que nos impulsa a cantar, Cantate, que es hoy. Luego es necesario el recogimiento, la oración: Rogate. Después de haber presentado la oración, suplicamos a Dios que nos escuche realmente, Exaudi. Y finalmente, Dios responde, nos regala por segunda vez su Espíritu, el que nos acompaña y fortalece: domingo de Pentecostés.

Hoy es el domingo del canto de alabanza. ¿Cuál es el motivo? Dios se hizo ser humano en Jesús, y vino a caminar junto a las personas que necesitan ayuda. Le trajeron ciegos, cojos “y los sanó”. Señal de su amor, él está con y por cada uno. La gente comenzó a gritar alabanzas. Cantos de asombro y de agradecimiento por las maravillas obradas por el “Hijo de David… que viene en el nombre del Señor”. Pero los funcionarios del templo se enojan y quieren hacer callar a la gente que ensalza a su “competencia”. El Maestro simplemente les recuerda el Salmo 8,7: “Con los cantos de los pequeños…” A mí me recuerda que, en otra situación similar, Jesús dice: “Si éstos callaran, las piedras gritarían”.

Agradecimiento por su cercanía y ayuda, motivo para cantar, ¡”al Señor un canto nuevo”!

Everardo Stephan

Salmo 31,1-5, 15-16; Hechos 7,55-60; 1 Pedro 2,2-10; Juan 14,1-14; Agenda Evangélica: Mateo 21,14–17 (18–22)