Domingo 16 de diciembre

 

3° domingo de Adviento

Regocíjense en el Señor siempre. Y otra vez les digo, ¡regocíjense!

Filipenses 4,4

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Y ahora pienso, ¡qué justas estas palabras en estos momentos! Hay tribulación en el mundo entero. Algunos sufren mucho, otros menos…, pero no hay uno que no necesite al Señor para poder seguir adelante y con esperanza.

No nos encerremos en los problemas nuestros, y sigamos estando sumamente atentos a la necesidad de nuestro prójimo.

Si pensamos todo el tiempo en lo malo que está ocurriendo, lo veremos cada vez peor. Tremendamente preocupados, inútilmente también, porque nuestra acción debe ser muy simple. Oración y acción ante quien nos pide ayuda o ante los que veamos afligidos, y que muchas veces por vergüenza no dicen nada.

Como dije, oración y acción, pero sin preocupaciones, con fe; el Señor dirige.

No olvidemos entregar al Padre nuestros propósitos para hacer bien el camino. No mezclemos nuestras, a veces, confusas intenciones y estemos siempre obrando como el Señor quiere.

Hagamos esto cada día de nuestras vidas, en grandes o pequeñas cosas, pero hagamos.

Si nos mantenemos así como el Señor pide, bien dice la Biblia, la paz de Dios guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4,7)

María Ingrid von Below

Isaías 12,1-6; Sofonías 3,14-20; Filipenses 4,4-7; Lucas 3,10-18; Agenda Evangélica: Isaías 40,1–8 (9–11)