17° domingo después de Pentecostés, 25° en el año

Llegaron a Cafarnaúm, y cuando ya estaban en la casa, Jesús les preguntó: “¿Qué tanto discutían ustedes en el camino?” Ellos se quedaron callados, porque en el camino habían estado discutiendo quién de ellos era el más importante.

Marcos 9,33-34

Crecí en el campo, lo cual me dio bastante tiempo para apreciar la naturaleza: el silbido del viento, el canto de los pájaros, los ladridos de los perros, las formas de las nubes, heladas… el agua de la casa dependía de un molino que estaba cerca. Para llegar hasta el molino, había un sendero estrecho, a través del pasto y la tierra, que se había endurecido de tanto transitarlo ida y vuelta. Un camino hecho por la repetición continua de un mismo trayecto. Lo mismo sucede con nuestros pensamientos y acciones. Los hechos y pensamientos aislados no hacen un camino, se necesita repetición. Las conductas sociales se van forjando a través de la repetición y mientras más repeticiones más duro el camino. Es importante tomar conciencia de los caminos que vamos haciendo como personas, comunidades y sociedad. No es casualidad, que los discípulos hayan discutido sobre quién era el más importante. Es consecuencia de un camino recorrido una y otra vez. Si alguien es mejor, otros son peores. Todas las conductas de discriminación o exterminio de culturas, razas, religiones se anclan en el hecho de la superioridad. Para matar a otro, para burlarme, para marginarlo, debo hacerlo menos persona. Los pasos de Jesús van por otro camino pero nos cuesta admitirlo, incorporarlo, vivirlo. Jesús recorre un camino de restauración, de respeto, de verdad, de inclusión: Muchas veces vemos a Jesús venir por la mano contraria, porque nosotros vamos a contramano de Dios y lo sabemos. Cuando Jesús les preguntó: “¿de qué discutían por el camino?”, ellos callaron, disimularon, se hicieron los zonzos (¡también un camino aprendido!).

Perdónanos, oh Dios el traicionar tu camino, con aspiraciones de superioridad. Amén.

Juan Carlos Wagner

Salmo 54; Jeremías 11,18-20; Santiago 3,13 – 4,10; Marcos 9,30-37

Agenda Evangélica: Salmo 68,4-7.20-21.35-36; Lamentaciones 3,22-26.31-32 (P); 2 Timoteo 1,7-10; Juan 11,1-3.17-27(28-38a)38b-45

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