Domingo 2 de diciembre

 

1° domingo de Adviento

Ahora, hermanos, les rogamos y encargamos esto en el nombre del Señor Jesús: que sigan ustedes portándose (como ya lo están haciendo) de la manera que nosotros les enseñamos que lo hicieran para agradar a Dios.

1 Tesalonicenses 4,1

DESCARGAR EL AUDIO

Para quienes tenemos cierta edad y vivimos en pueblos o ciudades pequeñas estábamos acostumbrados a andar en moto y lo hacíamos sin ningún condicionamiento (léase: casco, luces, espejos), hace unos años se generalizó la obligación de usar elementos de protección. Al tiempo los inspectores salieron a multar… y obviamente empezamos a usar cascos para evitar esa multa. Recuerdo cuestionarme ¿por qué estoy usando el casco?,  ¿porque es una obligación o porque entiendo que es para mi seguridad personal?  

¿Cuántas veces como personas actuamos más por miedo a una reprimenda que por entender que tal conducta es favorable para nosotros?

¿Y en nuestras comunidades de fe, qué es lo que prima?

Hoy comienza nuevamente el Adviento. Una etapa de preparación para esperar el cumplimiento de la promesa de nuestro Dios: el nacimiento del Mesías, quien vino a hacerse uno igual a nosotros, a vivir la experiencia humana. Pablo en esta carta le recuerda a su comunidad que en Jesús encuentra esa dimensión de potencial solidario y de compasión. Experiencia que puede ser muy egoísta, pero que a través de la vida de Jesús, adquiere todo el potencial de amor, solidaridad y compasión.

La reflexión para hoy es poder evaluar nuestra conducta, que nuestras acciones no sean movidas por el miedo, el castigo o la apariencia, sino asumidas como compromiso de un buen relacionamiento con mi prójimo para que el amor sea lo que nos mueve, ese amor que nos enseñó Jesús.

Señor, te pedimos que tu amor crezca en nosotros y se manifieste en nuestras acciones cotidianas.

Marina Rodríguez

Salmo 25,1.4-5.8-10.14; Jeremías 33,14-16; 1 Tesalonicenses 3,12-4,2; Lucas 21,25-36; Agenda Evangélica: Lucas 1,67-79