Domingo 20 de agosto

 

 

11º domingo después de Pentecostés, 20º en el año

Pues, toda la tierra me pertenece.

Éxodo 19,5

“¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?”

El pastor me miraba fijo, esperando mi respuesta en aquella clase de catecismo de mi adolescencia. Y había que decirla de memoria, aunque no se comprendiera bien el significado.

Hoy vuelvo a aquella vieja pregunta, original de 1563, cuando dos jóvenes teólogos redactaron lo que conocemos como el Catecismo de Heidelberg.

Esa era y es la primera pregunta de aquel libro de instrucción para la fe.

¿Qué podía ser consuelo para aquella joven generación de discípulos de los primeros reformadores? Qué podía ser consuelo para un adolescente patagónico en tiempos de dictadura? ¿Qué puede ser de consuelo para vos que estás leyendo hoy este devocional?

Quizá la misma certeza que acompañó al pueblo de Israel desde su salida de Egipto, en ese largo peregrinaje en busca de su libertad y de una vida mejor: saber que nada les pertenecía, saber que todo era de Dios, sentir que en sus manos estaban y que bajo su cuidado caminarían.

Te invito a que hoy renueves tu confianza en este Dios a quien no solamente pertenecen la tierra y los cielos y los mares sino también cada uno de nosotros, cada una de nosotras.

Aquel adolescente de hace años pudo repetir de memoria sólo lo que años después comenzaría a comprender y a experimentar: “Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo, sino a mi fiel Salvador Jesucristo…” (respuesta 1 del Catecismo de Heidelberg). Ojalá también esto sea consuelo para tu vida hoy y en cada nuevo día.

Tierna Fuerza Creadora, Fuente de todo lo que existe,

Alfarera de barros y de sueños, Generoso Soplo de vida,

renueva en tu pueblo la certeza que todo te pertenece,

que todo está en tus manos. Danos la confianza

que se torna consuelo y que anima el cotidiano vivir.

Gerardo Oberman

Salmo 133; Génesis 45,1-15; Romanos 11,1-2a, 29-32; Mateo 15,(10-20), 21-28; Agenda Evangélica: Éxodo 19,1–6

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