Domingo 20 de septiembre

 

16º domingo después de Pentecostés, 25º en el año

Pero el dueño contestó a uno de ellos: “Amigo, no te estoy haciendo ninguna injusticia. ¿Acaso no te arreglaste conmigo por el jornal de un día?”

Mateo 20,13

Cómo nos cuesta entender que los caminos de nuestro Dios son distintos a los nuestros. Dios se presenta como el dueño generoso de una viña que no funciona por rentabilidad, sino por amor gratuito e inmerecido, eso es gracia. Esta es la buena noticia del evangelio. Esa manera de obrar no está presente en la lógica de los trabajadores en el relato bíblico. Y es que, en vez de parecernos a él intentamos que Dios se parezca a nosotros.

Vemos como absurdo y hasta injusto que todos tengan las mismas oportunidades. La parábola de los trabajadores enviados a la viña se refiere a la gracia. “No por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad”.

La parábola es también una invitación a saber alegrarnos con el bien de los demás. Aquellos que protestaron por ser tratados los últimos de la misma forma que los primeros, se entristecían de no recibir ellos más que los de la última hora. Se deberían haber alegrado de la generosidad del dueño de la viña, de haber servido a un dueño tan compasivo y dadivoso, aunque a ellos solo les diese lo acordado.

A veces por mirar y desear lo que otros poseen, dejamos de gozar y disfrutar lo que nosotros tenemos.

Estamos llamados a ser parte de la viña de nuestro Dios, sin bus-car competir, sin buscar medir mi tiempo, mi trabajo, sino sentir que lo que hacemos es lo que Dios quiere y es bueno hacerlo entre todos para el bienestar de nuestro prójimo.

Mario Gonzáles

Salmo 145,1-8; Jonás 3,10-4,11; Filipenses 1,21-30; Mateo 20,1-16 Agenda Evangélica: Salmo 127,1-2; Mateo 6,25-34; 1 Pedro 5,5b-11; (P) Génesis 2,4b-9(10-14)15(18-25)