Domingo 22 de julio

 

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9º domingo después de Pentecostés, 16º en el año

Tu bondad y tu amor me acompañan a lo largo de mis días, y en tu casa ¡oh Señor, por siempre viviré!

Salmo 23,6

El Salmo 23 es un canto universal de Dios, un canto al pastor de su pueblo (el pueblo elegido) pero que trasciende los límites de una elección histórica, para ser también el guía del pueblo nuevo, la iglesia, y de quienes en un salto de espiritualidad muestran su imagen divina invocándolo igualmente.

El salmo canta las bondades de Dios como Señor del universo, y su amor constante junto a nosotros, cuidando de la vida cada día y sustentando la misma. Debemos reconocer que en general damos por sentado muchas cosas en la vida y la recorremos entendiendo que la misma simplemente es parte de una gran maquinaria donde todo cumple su función en forma automática.

Pero no es así, “sino que vamos haciendo camino al andar”. Ello significa que somos co-artífices de la vida en medio de nuestro mundo y las condiciones para ello. Precisamente allí, y casi desde el anonimato, Dios va acondicionando y acompañando nuestro andar. Tanto, que si no fuera por ella, en muchos aspectos nuestro caminar se tornaría imposible. Sin embargo, Dios está presente.

Hoy es domingo, descanso obligatorio (dice una vieja canción), día del Señor (dice uno de los mandamientos). Un día para detenernos al menos un poco, descansar lo necesario y reflexionar sobre todo. Un día para pasar en limpio nuestro caminar, agradecer y descubrir nuestras trapisondas. Si preguntamos ¿cómo pude? …y aparece el amor de Dios. Su presencia como guía y pastor de todos y para todos.

Como dijéramos al principio, una proclamación, como tantas otras, sin exclusividad. Una afirmación que trasciende nuestra fe y tiene raíces en la misma esencia divina del ser humano, creación de Dios.

Además es delicioso a los oídos y edificante para nuestro ser escuchar y participar de la devoción orando este salmo poniendo música desde el alma a cada expresión. Amén.

Ernesto Weiss

Salmo 23; Jeremías 23,1-8; Efesios 2,12-22; Marcos 6,30-34; Agenda Evangélica: 1 Corintios 6,9–14.18–20