3o domingo después de Epifanía, 3o en el año

Mientras caminaba junto al mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: uno era Simón, llamado Pedro, y el otro era Andrés. Estaban echando la red al lago, pues eran pescadores. “Vengan, síganme -les dijo Jesús-, y los haré pescadores de hombres.”

Mateo 4,18-19

Todos conocemos estas palabras, el párrafo pertenece a los más “populares” de la Biblia. Y todo es tan fácil: viene Jesús por el camino, nos ve, nos llama y, sin pensarlo mucho, abandonamos nuestra vida cotidiana. Sabemos que no es así, tan sencillo. Si tuviéramos que aplicarlo literalmente a nuestra vida habría muy pocos cristianos en el mundo.

Pienso que deberíamos centrar nuestra atención en un pequeño de- talle, en aquel imperativo: “¡síganme!” Jesús llama, Jesús nos llama. La fe nos llega desde el “otro lado”, desde afuera. Estamos en lo nuestro, en nuestra rutina diaria, y en medio de esa realidad, a veces triste, otras veces más alegre, comenzamos a escuchar su voz. Como el sonido de una campana que llega a nuestro oído y hace que levantamos la mirada. En mi adolescencia la escuché tantas veces, en el campo, trabajando con mis abuelos. Muy lejos, apenas se veía la punta de la torre de la iglesia de nuestro pueblito. Y a veces, cuando no tenía muchas ganas, esperaba su sonido con cierta ansiedad, porque al escucharla el abuelo daba por terminada la jornada.

El imperativo ¡síganme! transmite una tarea concreta, a todo aquel que lo escucha: ser pescador de hombres. ¿Cómo es eso? Que el mun- do vea, escuche, perciba que tú y yo, todos nosotros pertenecemos a aquel Señor que hizo sonar en nosotros su voz. Somos testigos de su presencia en el mundo.

Hoy es domingo, una nueva oportunidad para reflexionar sobre su ¡sígame!

Reiner Kalmbach

Salmo 27,1.5-13; Isaías 9,1-4; 1 Corintios 1,10-18; Mateo 4,12-23

Agenda Evangélica: Salmo 86,1-2.5-11; 2 Reyes 5,(1-8)9-15(16-18)19a; Mateo 8,5-13;

Romanos 1,13-17; (P) Hechos 10,21-35

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Salmo 27,1.5-13
El Señor es mi luz y mi salvación;
¿a quién podría yo temer?
El Señor es la fortaleza de mi vida;
¿quién podría infundirme miedo?

Cuando vengan los días malos,
él me esconderá en su santuario;
me ocultará en lo más recóndito de su templo,
me pondrá en lo alto de una roca.
Ante los enemigos que me rodean
me hará levantar la cabeza,
y llevaré a su templo mis ofrendas de alegría
y allí cantaré salmos al Señor.

Señor, escúchame cuando a ti me dirija;
¡ten compasión de mí, y respóndeme!
A mi corazón le pides buscar tu rostro,
y yo, Señor, tu rostro busco.
Tú eres mi Dios y salvador;
¡No escondas de mí tu rostro!
No apartes con enojo a este siervo tuyo,
pues siempre has sido mi ayuda.
¡No me dejes ni me desampares!
10 Podrían mi padre y mi madre abandonarme,
pero tú, Señor, me recogerás.

11 Por causa de mis adversarios,
enséñame, Señor, tu camino
y llévame por el camino recto.
12 Testigos falsos y violentos se levantan contra mí;
¡no permitas que hagan conmigo lo que quieran!
13 ¡Yo estoy seguro, Señor, que he de ver
tu bondad en esta tierra de los vivientes!

Isaías 9, 1-4
Pero no siempre habrá oscuridad para la que ahora está angustiada. En los primeros tiempos las regiones de Zabulón y Neftalí fueron afligidas, pero en los últimos tiempos se llenará de gloria el camino del mar, al otro lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz; sí, la luz resplandeció para los que vivían en un país de sombras de muerte. Tú aumentaste el regocijo, y acrecentaste la alegría. En tu presencia se alegrarán, como se alegran durante la siega; como se regocijan cuando se reparten el botín. Tú quebraste el yugo y la vara que pesaban sobre sus hombros, y el cetro que los oprimía, como en el día de Madián.

1 Corintios 1, 10-18
10 Hermanos, les ruego por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se pongan de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer. 11 Digo esto, hermanos míos, porque los de Cloé me han informado que entre ustedes hay contiendas. 12 Quiero decir, que algunos de ustedes dicen: «Yo soy de Pablo»; otros, «yo soy de Apolos»; otros, «yo soy de Cefas»; y aun otros, «yo soy de Cristo». 13 ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Acaso Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O fueron ustedes bautizados en el nombre de Pablo? 14 Doy gracias a Dios de que no he bautizado a ninguno de ustedes, excepto a Crispo, y a Gayo, 15 para que ninguno de ustedes diga que fueron bautizados en mi nombre. 16 También bauticé a la familia de Estéfanas. Pero no sé si he bautizado a algún otro, 17 pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, y esto, no con palabras elocuentes, para que la cruz de Cristo no perdiera su valor.
18 El mensaje de la cruz es ciertamente una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan, es decir, para nosotros, es poder de Dios. 

Mateo 4, 12-23
12 Cuando Jesús se enteró de que Juan estaba preso, volvió a Galilea, 13 pero se retiró de Nazaret y se estableció en Cafarnaún, ciudad marítima en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías:

15 «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
Camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles;
16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz;
a los que vivían en región de sombra de muerte,
les resplandeció la luz.»

17 Desde entonces Jesús comenzó a predicar, y decía: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado.» 18 Mientras Jesús caminaba junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés, que estaban echando la red al agua, pues eran pescadores. 19 Jesús les dijo: «Síganme, y yo haré de ustedes pescadores de hombres.» 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, lo siguieron. 21 Un poco más adelante, Jesús vio a otros dos hermanos, Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, quienes estaban en la barca, junto a su padre, y remendaban sus redes. Jesús los llamó, 22 y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, lo siguieron.

23 Jesús recorría toda Galilea. Enseñaba en las sinagogas de ellos, predicaba el evangelio del reino, y sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

Agenda Evangélica:
Salmo 86,1-2.5-11
2 Reyes 5,(1-8)9-15(16-18)19a
Mateo 8,5-13
Romanos 1,13-17
(P) Hechos 10,21-35