Domingo 3 de diciembre

 

 

Manténganse despiertos, porque no saben cuándo volverá el dueño de la casa, si al atardecer, o a la medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer.

Marcos 13,35

 

Mantenerse despierto cuando es hora de dormir – nada fácil. En mis viajes por el sur argentino, durante largas horas de la noche, el cansancio y el sueño luchan contra mi voluntad de llegar a destino. Abro la ventanilla para que el aire frío me golpee, escucho música, paro en una estación de servicio para tomar un café… mantenerse despierto cuando todo el mundo duerme. Ya los discípulos no pudieron contra la fuerza del cansancio, dejando solo al amigo, en su dolor y angustia. ¿Se refiere a eso, nuestro versículo?

Hoy celebramos el primer domingo de Adviento, es tiempo de espera. Esperamos la llegada de alguien “muy esperado”, y cuando esperamos la llegada de alguien importante, muy querido…, no podemos dormir. Todos nuestros pensamientos y sentimientos están centrados en este gran acontecimiento.

Pero este capítulo del Evangelio le agrega un aspecto más: se trata del “fin del mundo”, de la llegada definitiva del Cristo, y los discípulos quieren saber cuándo y cómo sucederá esto. Entonces Jesús les habla del presente y del futuro, que no es más que la continuación del presente. Lo que Jesús les quiere explicar es lo siguiente: ya vivimos en los tiempos “últimos”, ya están las señales. Por lo tanto, ¡no pierdan su tiempo y energía en cálculos sin sentido!, sino asuman el presente, fíjense en las tareas que pueden realizar para preparar la llegada del reino de Dios. La mejor preparación es hacer lo que el Padre nos encomienda: predicar y vivir su palabra en un mundo caído, oscuro y violento, que tiene sed y hambre de luz, verdad, justicia, como un anticipo de lo que vendrá, y entonces habrá paz.

Reiner Kalmbach

Salmo 80,1-7,17-19; Isaías 64,1-9; 1 Corintios 1,3-9; Marcos 13,24-37; Agenda Evangélica: Apocalipsis 5,1–5 (6–14)