Domingo 3 de septiembre

 

 

13º domingo después de Pentecostés,  22º en el año

Romanos 12,9-21

(Si hoy no dispones de tiempo para leer todo el texto, deja la meditación para otro momento)

Espejito, espejito  dime:

¿Quién es la persona más amorosa del mundo?

¿La que ama con sinceridad, que odia el mal, que es cariñosa, que es respetuosa, que ayuda, que es humilde, que tiene esperanza, que es alegre, que tiene paciencia y no se cansa de orar, que comparte con los pobres, que no se cree más que los otros, que nunca devuelve mal por mal, que se esfuerza para que todos vivan en paz?

Espejito, espejito dime: ¿Dónde puedo encontrar semejante persona hoy en día? Y, por favor, ¡No me respondas: Jesucristo! Lo que me dijiste antes es demasiado concreto. Ya tengo muchos años vividos y pocas veces me encontré con gente que tenga algunas de estas características. Nunca encontré a alguien que sea tan amorosa como vos lo describís.

Y a vos, querido Pablo, te pregunto: ¿en qué pensaste cuando escribiste todo esto que tanto soñamos? Vos mismo dijiste que el mal que odio y detesto lo hago y el bien que quiero y amo no lo hago. Te pregunto porque creo que fuiste muy auténtico cuando escribiste todo esto. No creo que pensaste darnos un espejo para vernos lo malos e imperfectos que somos. Eso ya lo sabemos como vos lo sabías.

¿No será que pensaste en todas las personas, y no apenas en mí que estoy escribiendo o leyendo estas preguntas? Lo poco que conozco de vos es que siempre quisiste que estuviéramos en grupos, con personas que saben que solo es muy difícil. Creo también que dijiste que cada uno tiene cualidades valiosas, que volcadas en un grupo, cambian la vida de los otros.

Espejito, espejito, creo que no te voy a preguntar a vos. Voy a seguir preguntando a personas que tienen algunas de estas hermosas cualidades que alimentan nuestra vida personal y la sociedad toda. De cualquier manera, gracias por haberme inspirado a ver por donde pasa el arte de vivir.

Juan Pedro Schaad

Salmo 26,1-8; Éxodo 3,1-15; Romanos 12,9-21; Mateo 16,21-28; Agenda Evangélica: Isaías 29,17–24