Domingo 4 de abril

Pascua de Resurrección

Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, pero no sabía que era él. Jesús le preguntó: “Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?” Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo: “Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo.” Jesús entonces le dijo: “¡María!” Ella se volvió y le dijo en hebreo: “¡Rabuni!” (que quiere decir: “Maestro”). Jesús le dijo: “No me retengas, porque todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con el que es mi Padre y Padre de ustedes, mi Dios y Dios de ustedes.”

Juan 20,14-17

¿Dónde comienza la Pascua? Comienza allí donde una persona ya no sabe más cómo seguir. Entonces actúa el Señor. María no sabía más cómo seguir. Frente a ella había una tumba que decía: ¡Todo terminó! El poder de la maldad, la destrucción, el odio, la muerte, el dolor – todo eso fue demasiado. Entonces el Resucitado entró en escena. Pero María no lo reconoció. Su visión estaba turbada. Estaba paralizada en el pasado, en el dolor. No reconoció al Viviente porque este no se adaptaba a lo que ella buscaba.

Ella fue transformada porque finalmente le prestó atención a la Palabra del Resucitado. Esto ocurrió cuando Jesús la llamó por su nombre:

¡María!

¡Cuántas voces nos llaman todos los días! Pero generalmente para pedirnos algo: dinero, fe, voto, confianza. Pocas veces se nos llama para darnos ánimo, aprecio, agradecimiento. Muy distinto fue el llamado de Jesús a María Magdalena. Ella dejó de ser una persona anónima llena de problemas, para convertirse en un ser único, inconfundible, con valor propio. Esto es Pascua: escuchar a Dios, decidirse por creerle, afirmar la confianza en el Señor, mirar al futuro, dejarse dar una misión y cumplirla.

Hoy es el día para renovar el encuentro con Jesús. Y si tienes el deseo de conocerlo por primera vez, también es el día para hacerlo. Jesús, el Señor del mundo, está aquí y llama a cada persona por su nombre. Está en ti oírlo, reconocer su voz y abrirle para dejarlo entrar y realizar su misión. Así se hará Pascua de Resurrección en tu vida.

René Krüger

Salmo 118,1-2.14-24; Hechos 10,34-43 o Isaías 25,6-9; 1 Corintios 15,1-11;
Juan 20,1-18 o Marcos 16,1-8 Agenda Evangélica: Salmo 118,14-24; 1 Samuel 2,1-8a; 1 Corintios 15,1-11; Marcos 16,1-8; Éxodo 14,8-14.19-23.28-30a; 15,20 (P)

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