Domingo 5 de febrero

 

 

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?  Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo.

Éxodo 3, 10 – 12

¿Por qué yo?

Cuando en la escuela el profesor  entra con cara de tomar la lección, todos miran a otro lado, se hacen los distraídos, no vaya a ser que por mirarlo a los ojos nos diga: ”Pase usted”.

¿Será lo que le pasó a Moisés? Si no hubiese tenido la curiosidad de ver los que pasaban con la zarza, ¿Dios le habría hablado? Esa pregunta me la hacía más de una vez cuando niño e incluso de adolescente. Luego aprendí que Dios nos llama aunque nos hagamos los distraídos y en un último intento decimos: “¿Por qué yo?”  Como Dios insiste, comenzamos a argumentar…

Moisés también lo intentó, argumentando que no podía hablar bien. Es casi seguro, a juzgar por el relato bíblico, que Moisés tenía una discapacidad para el habla. Así es que, no quedando posibilidad de desoír el llamado de Dios, Moisés se pone en marcha y trasforma a Aarón en su vocero… Bueno, el resto de la historia lo conocemos. Moisés hablaba poco pero hacía mucho.

Interesante. Dios, de entre todos elige a una persona con discapacidad para esa gran proeza. Dios no duda que Moisés sea la persona indicada a causa de lo que no podía hacer, hablar, sino que valora en él lo que sí podía hacer, conducir a su pueblo, aún a pesar de su dificultad. Desde el comienzo mismo de nuestra historia de fe, Dios ha dado un espacio de acción y testimonio a las personas con discapacidad. Espacio que lamentablemente en el tiempo fue opacado por las instituciones llamadas iglesia, a pesar de que Jesús ha reivindicado a las personas con discapacidad, incluyéndolas y devolviéndoles su dignidad.

Norberto Rasch

Salmo 112,1-9, (10); Isaías 58,1-9a, (9b-12); 1 Corintios 2,1-12, (13-16); Mateo 5,13-20; Agenda Evangélica: Éxodo 3,1–10 (11–14)