Domingo 5 de mayo

 

3º domingo de Pascua, Misericordias Domini

Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: Tú, ¿quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípu-los, después de haber resucitado de los muertos.

Juan 21,12-14

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Jesús, luego de resucitar se apareció a sus discípulos en distintas ocasiones. Provocando en ellos cambios de actitud.

Los llevó de abandonar la soledad, el encierro, el temor y la angus-tia a la paz.

Les mostró que para Dios nada es imposible y que en él se reali-zaron las promesas hechas por los profetas, reafirmando su condición como hijo de Dios.

Los esperó luego de sus quehaceres (volvieron a su trabajo, la pes-ca) para insuflar en ellos el valor necesario para salir a las gentes a anunciar la salvación, el perdón y la reconciliación, pero antes les dejó el Espíritu Santo.

Todo lo hizo en acciones, visibles…

Hoy tu fe en Cristo te hace justo, puesto que por gracia sola eres salvo.

¿Lo comprendes?

Si no lo entiendes o nunca has hablado de este tema, te invito a consultar con tu pastora o pastor.

Te lo podrá explicar y darte la noticia más hermosa que hasta ahora quizá nunca has escuchado.

Búscalo y descubrirás una oportunidad única que te está esperando. Cautívame, Señor, que en ti mi voluntad, tendrá un bautismo de

vigor, firmeza y santidad.

Podrá la tentación a mi vida sacudir; no habrá más cierta protección que la que encuentre en ti. (Canto Cautívame, Señor)

Narciso Weiss

Salmo 30,1.3-5.10-12; Hechos 5,27b-42; Apocalipsis 5,6-14; Juan 21,1-19; Agenda Evangélica: 1 Pedro 2,21b–25