Domingo 5 de noviembre

 

 

22° domingo después de Pentecostés, 31º en el año    

El que trate de salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa mía, la salvará.

Mateo 10,39

¿Qué tan conscientes estamos de que ser cristianos implica “nacer de nuevo” en el Espiritu, dejando atrás mi vida anterior?  

Las afirmaciones de Jesús parecen ir en contra del amor y la armonía, o incitar a la violencia y la muerte. Esta dureza con la que se expresa Jesús denota lo crucial e importante que es el hecho de comenzar a vivir la vida nueva, en la que nos entregamos a Dios y en la que él pasa a ser nuestro guía, nuestro pastor. Esa vida en la que entregamos el mando a nuestro Señor y Padre, donde antes sólo “reinábamos” nosotros mismos.

Pero claro, la vida anterior siempre quiere recobrar el terreno perdido en nuestro interior. En esos momentos es bueno detenerse y preguntarse en oración: ¿qué cosas me están alejando de Dios?  ¿En qué aspectos de mi vida aún no entregué el control a mi Señor?  ¿A qué cosas, personas, situaciones sigo apegado todavía, de modo que no me permite crecer en la relación con Dios?  Y Jesús se manifiesta en este sentido con mucha firmeza y claridad, mostrando cómo Dios es un Padre “celoso” por nosotros, hasta el extremo de querer que lo situemos por encima de nuestros familiares o seres más queridos.

Padre celestial, tu amor es sin condiciones, completo y perfecto. Así como tú nos amas, también quieres que nosotros te amemos, entregando nuestra vida completa por ti. Sabemos que nuestra maldad vuelve a aflorar una y otra vez y tendemos a volver a hábitos, costumbres o apegos que antes nos alejaban de ti. Pero tenemos la certeza de tu amor y tu perdón, y en esa confianza te pedimos que nos vuelvas a fortalecer una y otra vez para reconocerte como único guía y pastor, al que hemos entregado nuestra vida. Amen.

Martin Vogel       

Salmo 43; Josué 3,7-17; 1 Tesalonicenses 2,9-13; Mateo 23,1-12

Agenda Evangélica: Mateo 10,34–39