Domingo 6 de enero

 

Epifanía

Luego entraron en la casa, y vieron al niño con María, su madre; y arrodillándose le rindieron homenaje. Abrieron sus cofres y le ofrecieron incienso, oro y mirra.

Mateo 2,11

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Los reyes magos eran extranjeros. Se dedicaban al estudio de las estrellas y éstas les habían indicado el nacimiento del rey de los judíos, y querían adorarlo. Fue esa estrella la que los llevó al lugar donde Jesús estaba: Belén. Ellos tuvieron la primicia del nacimiento. Hoy diríamos que fueron los que sacaron la primera foto imaginaria del evento más importante de la historia.

También, en el evangelio de Lucas, encontramos a los pastores que recibieron la noticia por parte de un ángel, y fueron a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el establo (Lucas 2,16). Ellos también fueron quienes tuvieron la primicia del evento, según Lucas. Por último y no menos importante fue recibir la primicia de la resurrección, y llamativamente, fueron mujeres las que tuvieron ese privilegio.

A estos tres grupos de personas: los extranjeros, los pastores y las mujeres los une el hecho de que ninguno de ellos podía haber sido testigo en un juicio. Los reyes magos por ser extranjeros, los pastores por no ser confiables, y las mujeres por ser mujeres. A través de la Biblia encontramos que Dios va mostrando su manera de ser. Él es un Dios que nos sorprende. El Mesías anhelado por los judíos, que viniera con poder y ejércitos, nace en un pesebre humilde. Cuando entendemos que nuestros pensamientos son pequeños al lado de un Dios eterno, santo, omnipotente, omnipresente, justo, compasivo, fiel, bondadoso…, hemos comprendido la esencia de la fe.

Martín Zapke

Salmo 72,1-2.7-8.10-14; Isaías 60,1-6; Efesios 3,1-7; Mateo 2,1-12; Agenda Evangélica: Efesios 3,2–3a.5–6