Domingo 7 de febrero

5° domingo después de Epifanía, 5° en el año (Sexagesimae)

Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, llevaron todos los enfermos y endemoniados a Jesús.

Marcos 1,32

Jesús va por los pueblos visitando sinagogas y predicando a la gente de los distintos pueblos. Es viernes de noche, es el Shabat, al terminar la celebración invitan a Jesús a visitar a una persona enferma y luego sigue recibiendo muchas más personas enfermas. La enfermedad en su situación más extrema, además de alejar a la persona de su trabajo, sus amigos, su familia, la lleva a perder la razón. Esa noche fue corta para Jesús. A la madrugada, muy temprano, Jesús sale a orar a la intemperie en el desierto.

El sábado muy temprano a la mañana, la gente ya lo está buscando de nuevo. Esperan salud de parte de Jesús. Él les muestra la presencia de Dios en medio de sus vidas dolidas y sufridas a todas las personas por igual.

La salud es comunitaria. Es mucho más que un resultado normal de un estudio médico o un análisis de laboratorio. La salud es mucho más que un buen funcionamiento del organismo. Salud es encontrarle sentido a la vida. Tener ganas de vivir y poder vivir en paz. Saber cómo manejarse para estar bien con Dios, con uno, con una y con los demás. Salud es comunión, perdón y diaconía.

Jesús los anima y renueva sus vidas. La enfermedad desespera. Jesús les quita el miedo y les da seguridad. Jesús los saca de la culpa y restaura sus relaciones. Jesús les devuelve el sentido de la vida y los invita a ponerse a disposición de los y las demás como lo hace Dios mismo.

Esa palabra en la vida es fuente que no se seca, agua que anima y restaura, a quienes quieran beber. (Canto y Fe N° 108)

Jorge Weishein

Salmo 147,1-12; Isaías 40,21-31; 1 Corintios 9,16-23; Marcos 1,29-39

Agenda Evangélica: Salmo 119,89-92.103-105; Isaías 55,(6-7)8-12a(13-15); Hebreos 4,12-13; Lucas 8,4-8(9-15) (P)

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