Jueves 1 de octubre

 

Nada gana uno con hacer alarde de sí mismo. Mi amor es todo lo que necesitas, pues mi poder se muestra mejor en los débiles.

2 Corintios 12,1.9

Estamos rodeados de muchas personas que llevan a cabo buenas acciones, son solidarios, misericordiosos, etc.; pero lamentablemente no todos lo hacen por amor al prójimo, sino para presumir de sí mismos, para que todos sepan y los aplaudan, quieren fama, como decimos: “les gusta ser personajes”.

Dios nos enseña a ser humildes y sencillos, en todos los aspectos. Nadie vale más que otro; todos somos iguales ante Dios, no importa la raza, cultura, nivel social o económico. En nuestro diario vivir: ¿tratamos a todas las personas de igual manera?

“Felices los humildes, su herencia es el Señor”.

Dios nos enseña que el verdadero amor a él y a nosotros mismos, se manifiesta en la ayuda a los demás, cuando colaboramos sin pedir nada a cambio. Dios se muestra en los que necesitan, en los más débiles.

Nuestras vidas sufren muchas dificultades y en esos momentos difíciles pensamos que Dios nos ha abandonado. Pero en esos momentos aprendemos a tomar decisiones, a ver las diferencias de los caminos a seguir, nos fortalece, nos exige, nos muestra que el amor de Dios está con nosotros y nos sostiene. El dolor nos hace más fuerte, ¡sin duda!

Tú me guías por sendas de justicia, me enseñas la verdad. Tú me das valor para la lucha, sin miedo avanzaré. (Canto y Fe N° 217) En las pruebas de la vida, siempre tú Señor, estás conmigo; al luchar confío en ti, siento que tú estás en mí. (Canto y Fe N° 218)

Mónica B. Rockembach

2 Corintios 12,1-10