Jueves 12 de diciembre

 

Reúnanse y vengan, acérquense todos los sobrevivientes de los pueblos. Son unos ignorantes quienes llevan en procesión sus ídolos de madera y se ponen a orar a un dios que no puede salvarlos.

Isaías 45,20

Palabras claras y contundentes del profeta. Podrías sumarles las pa-labras de Jesús, ¿no es cierto? Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí (Juan 14,6). Ciertamente es tan simple, liberador y, encima, ¡gratis! ¿Por qué, entonces, sentimos tanta falta de felicidad, sentimos que no estamos completos, no tenemos lo que quere-mos, y andamos amargados?

Yo creo que es porque llevamos demasiado tiempo “en procesión a nuestros ídolos de madera”. ¿A qué ídolos me refiero?

En primer lugar, al celular o teléfono móvil. Y no es el aparato en sí el problema, sino las horas y horas que pasamos enganchados a él, perdien-do la noción del tiempo y la realidad… Tengo dos hijos, uno de 3 años y otro de 7 meses, en situaciones extremas, cuando me falta una quinta mano, recurro a mostrarle un que otro video en el celular, y él automática-mente pasa de ser un chico súper alegre (y travieso – jeje), a quedar en un estado de “coma” inducido por el celular, ya no ve ni escucha lo que pasa alrededor. Y a nosotros “los grandes” nos pasa igual, en lugar de invertir tiempo en terminar nuestro trabajo, o tiempo “útil” con nuestra familia u horas de sueño, decidimos jugar jueguitos, mirar redes sociales o pelícu-las con nuestro celular.

Y no puedo dejar de mencionar al usurpador supremo, el dinero. Todo nuestro esfuerzo muchas veces se centra en conseguir más y más plata, ¿no nos faltará a veces una pizca de conformismo? Pero no ese con-formismo que nos haga haraganes, sino el conformismo que nos permita reflexionar: “tengo todo lo que necesito, ¡y más!”, para dejar de pensar en todo lo que todavía quisiéramos, y tal vez ponga nuestra vida y la de nuestra familia en riesgo para conseguirlo.

Quiera Dios darnos el enfoque necesario, para invertir nuestro tiempo y dinero en lo que realmente importa.

Osmar Brassel

Isaías 45,18-25