Jueves 12 de mayo

También tengo el derecho de llevar conmigo a una esposa cristiana, como lo hacen los otros apóstoles, y los hermanos del Señor y Pedro.
1 Corintios 9,5

Pablo era un apóstol itinerante que había renunciado a algunos derechos, como por ejemplo recibir ayuda de las comunidades; también había renunciado al matrimonio.
Las comunidades lo criticaban porque creían que eso era señal de que no era apóstol.
El versículo que hoy nos ocupa señala que además, había renunciado a una “esposa cristiana” y acá nos encontramos ante las dificultades y las limitaciones que nos pone el lenguaje, pero también al uso que se hace del lenguaje.
Cuando se habla de “esposa cristiana” no se hace referencia a una relación matrimonial, sino que los misioneros iban de “dos en dos” y conformaban parejas misioneras, en algunos casos se trataba de una colaboradora femenina que le acompañaba y en otros casos eran verdaderas misioneras. De dos en dos, de igual a igual. Las mujeres fueron relevantes en el movimiento de Jesús, algunas no pudieron ser ocultadas, de tantas se perdió la huella; lo mismo pasó con los escritos que dejó la iglesia primitiva.
Todavía seguimos trabajando para encontrar sus rastros, algunas huellas de la presencia de ellas, adivinando lo que hay detrás de un “eran cinco mil sin contar mujeres y niños…”

Cristina La Motte (por la Comisión de Literatura)