Jueves 14 de febrero

 

Digo la verdad en Cristo, no miento, -mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo- siento una gran tristeza y un dolor incesante en el corazón.

Romanos 9,1

DESCARGAR EL AUDIO

El canta autor español Joaquín Sabina dice en una de sus canciones: “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”.

Lo que podría haber sido y no fue… Cuánta tristeza y hasta indignación provoca pensar en situaciones favorables que pudieron haber sido y finalmente no fueron. ¿Ha pasado, estimado lector o estimada lectora, por esa amarga experiencia de sufrir ante oportunidades desperdiciadas? Si ha tenido que hacerlo, seguramente podrá comprender muy bien lo que le pasa al apóstol Pablo.

En su carta a los romanos, Pablo se lamenta de que sus hermanos judíos no hayan aceptado a Jesús como el Cristo, el Salvador. Y se entristece aún más, porque fue a ellos a quienes el Señor les ofreció, en primer lugar, la posibilidad de hacerlo. A ellos pertenecía la adopción filial, la gloria, las promesas, las alianzas, la ley, el culto. ¡Hasta Cristo mismo procede de ellos! ¿Cómo se pudo desperdiciar semejante gracia de Dios?

A Pablo le duele lo sucedido, haría lo que sea para revertir esta situación. Pero finalmente acepta que nada de ello está en sus manos. Por eso finaliza diciendo: “Dios bendito por los siglos”. Él confía que será el Señor quien abrirá nuevos caminos de comunión en favor de su pueblo, porque Dios es grande y siempre cumple aquello que ha prometido.

Estimado lector, estimada lectora: Cuando aquello que carece de sentido te llene de dolor, cuando las oportunidades malogradas te angustien, confía en la grandeza del Señor. Él abrirá nuevos caminos. Amén.

Leonardo Schindler

 

Romanos 9,1-5