Jueves 16 de agosto

 

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Les escribimos a ustedes acerca de aquello que ya existía en el principio, de lo que hemos oído y de lo que hemos visto con nuestros propios ojos. Porque lo hemos visto y lo hemos tocado con nuestras manos. Se trata de la Palabra de vida…

1 Juan 1,1.3

Juan transmitió lo que vio y oyó acerca de Jesús, la Palabra de vida. Su testimonio es creíble por ser una vivencia personal y comunitaria de su fe. Solamente podemos ser testigos de algo que hemos visto y oído. Sólo podemos convencer a otras personas si nosotros mismos estamos convencidos y somos coherentes en palabras y obras.

En cierta ocasión varias personas discutían sobre las versiones de la Biblia y decidían cuál de ellas sería la más fidedigna. De repente un hombre afirmó: “Yo prefiero la versión de mi madre”. Todos le preguntaron sorprendidos: “¿Qué es lo que quieres decir? Tu madre no ha hecho ninguna traducción de la Biblia. ¿O te refieres a la que ella lee habitualmente?” Él respondió: “Desde que me acuerdo mi madre me traduce la Biblia a la vida diaria, y lo hace fielmente. Su traducción es clara y comprensible. Hasta un niño pequeño la puede entender.”

Dios nos llama a traducir la Biblia a nuestra vida cotidiana, a dar testimonio de nuestra fe en palabras y obras, a través del amor y la solidaridad.

Simplemente compartamos con los demás lo que hemos visto y oído a través de nuestra comunión con él.

Que nuestra vida entera sea un testimonio viviente y una prueba clara de nuestra fidelidad a Dios.

Por ti, mi Dios, cantando voy la alegría de ser tu testigo, Señor. Me mandas que cante con toda mi voz; no sé como cantar tu mensaje de amor. La gente me pregunta cuál es mi misión; les digo: “Testigo soy.” (Canto y Fe Nº 275)

Bernardo Raúl Spretz

1 Juan 1,1-4