Jueves 20 de mayo

Derramaré mi Espíritu sobre toda la humanidad.

Hechos 2,17b

El Acontecimiento de Pentecostés fue entendido por la Iglesia como un “anti-babel”. El orgullo humano había provocado la confusión entre los hombres y la dispersión.

Ahora el Espíritu genera comunión. Él, que une al Padre y al Hijo nos quiere hacer participar de esa gozosa comunidad.

Dirá Juan en su carta: “Les anunciamos lo que hemos visto y oído, para que ustedes estén unidos con nosotros, como nosotros estamos unidos con Dios el Padre y con su Hijo Jesucristo.” (1 Juan 1,1)

Todo lo que hacemos para generar unidad es obra del Espíritu en nosotros. Todo lo que nos ayuda a superar las divisiones, a achicar las distancias, a reunir lo que está disperso, se hace bajo la acción de este Espíritu de comunión.

Jesús pidió al Padre que seamos uno para que el mundo crea. Y es el Espíritu quien crea esa unidad, el Espíritu derramado sobre la humanidad.

El Espíritu nos ayuda a descubrirnos unidos. Como los granos de trigo que unidos por el agua llegan a ser un solo pan. Tenemos un origen común y caminamos hacia el mismo destino. Nos creó el mismo Amor que mueve todo el universo y nos espera para la gran fiesta preparada para todos. El Espíritu nos regala esta mirada nueva sobre nosotros mismos, sobre los demás, sobre las cosas, sobre Dios y sobre la historia.

… Sopla Señor y hazte viento,

y bautízame en tu nombre

llámame a servir Maestro,

hazme fiel entre los hombres.

Toma mi vida en tus manos,

mis sueños mi amor, mi todo,

mi cansancio, mis pecados

y moldéame a tu modo… (Sopla, Señor, de grupo Metanoia)

José María Soria Pusinari

Hechos 2,14-21

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