Jueves 25 de junio

Dios dice: “He escuchado la oración y el ruego que me has hecho, y he consagrado este templo que has construido como residencia perpetua de mi nombre”.

1 Reyes 9,3

Cuando una comunidad cristiana inaugura una iglesia, un espacio de cultos a Dios, generalmente realiza una gran fiesta en la que participa mucha gente, ya sean de la comunidad o invitados. Conocí una iglesia y me contaron que era la única vez que estuvo completa de gente (alrededor de 200 personas sentadas) era en la inauguración. El tiempo pasó, los yuyos alrededor crecían, el edificio se deterioraba cada vez más; no había personas para hacer las reparaciones ni dinero para pagarlo. Un grupo muy chico tuvo que tomar la decisión de cerrar la iglesia y vender el predio. En ese momento había lágrimas porque la mayoría de aquellos que iniciaron la obra habían tomado otros rumbos.

Sin embargo, también conocí otra congregación con un templo de muchos más años que el anterior. Siempre fue un grupo pequeño que tuvo el empeño de reunirse, cantar himnos de alabanza, orar… El aspecto del pequeño templo manifiesta en sus arreglos la fe en el Dios de la vida. En el libro de 1 Reyes, Dios le dice al rey Salomón después de la inauguración del templo: “Siempre lo cuidaré y lo tendré presente”. Pero Dios también agrega que si la comunidad no está presente en ese templo que se hizo con sacrificio, Él abandonará el espacio.

Llegamos a la conclusión que si los creyentes no participan del momento cúltico a Dios, Dios tampoco estará allí… La bendición de Diosa un espacio de encuentro depende de la ferviente participación de los creyentes.

Oración: ¡Señor nuestro Dios, te pedimos que estés en nuestro medio! Amén.

David Weiss