Jueves 28 de mayo

Que el Señor tenga misericordia de la familia de Onesíforo, porque él muchas veces me trajo alivio y no se avergonzó de que yo estuviera preso.

2 Timoteo 1,16

Se dice que en épocas de dificultades se pueden apreciar las verdaderas amistades, quiénes quedan con nosotros cuando tenemos problemas y quiénes se “borran”. Solemos pensar esto en términos de nosotros mismos, es decir, quién queda conmigo cuando yo estoy mal, estoy enferma, tenga deudas y problemas.

Pero hoy quiero invitarlos a pensar esto desde otra mirada, no ya quién queda conmigo en mis problemas, sino con quién quedo yo cuando el otro o la otra tienen serias dificultades. Cuando mis amistades sufren desgracias tales como falta de trabajo, deudas, problemas familiares y duelos, ¿soy de los que se quedan y están y acompañan aún cuando a veces nos cansamos de escuchar siempre las mismas palabras y pareciera que nuestro amigo o amiga se encuentra en un círculo vicioso? ¿O me canso y abandono o quizás inclusive me avergüenza porque me hace quedar mal frente a mis otras amistades o vínculos personales?

Al apóstol Pablo, cuando estuvo preso y despreciado, mal visto, muchos lo abandonaron porque sintieron que su amistad con él traía vergüenza y desgracia a sus familias. Pero otros, como Onesíforo, sí se quedaron al lado de él y lo acompañaron en la cárcel. Pablo termina esta parte de su carta pidiendo la misericordia de Dios sobre él. ¿Dónde nos ubicamos nosotros cuando los problemas tocan las puertas de nuestras amistades?

Amar es compartir todos los tiempos: los de espera, dolor y de alegría; amar es entregarse por el otro dando pan, dando fuerza, nuestra vida. (Canto y Fe N° 312).

Sonia Andrea Skupch