Jueves 29 de julio

Me siento feliz de poder hablar hoy delante de su majestad oh rey Agripa, para defenderme de todas las acusaciones que los judíos han presentado contra mí.

Hechos 26,1

Desde que Pablo fuera arrestado (Hechos 21,33), nunca cesó de “defenderse”. Las comillas son porque en realidad lo que el apóstol hizo ante las autoridades, fue hablar acerca del Resucitado y de su experiencia de fe, tanto antes como después de su visión camino a Damasco (Hechos 9,1-18).

Pablo se siente feliz por dar testimonio ante sus acusadores judíos y autoridades romanas y también ante toda la gente. Su felicidad es tan grande que puede hablar sin hacer caso de sus cadenas, las cuales parecen fortalecerle, más que restarle ánimo.

Cuando pensamos en nuestro testimonio tal vez hacemos un programa, elegimos hora, día, lugar y circunstancia más oportuna para evangelizar o misionar. Dios nos concede además la gracia de que en cualquier día, con sus horas y circunstancias, podamos vivir y ser guiados por su Espíritu.

En el almanaque hay días blancos y rojos, laborables y feriados. En nuestra imaginación hay además días celestes, como el cielo de un día luminoso; días color gris cuando no sabemos bien cómo actuar y el día negro en que no hay nada que hacer, ni con Dios, ni con los demás. ¿No será que esto podría cambiar? No para aumentar los días grises y negros sino para pintar encima con otro color. El de la alegría que Él puede darnos, un color más poderoso que nuestros grises y negros. Al final, ya lo vivimos y hay abundantes testimonios ajenos de que muchos de nuestros males no los borramos sino que los vencemos con el poder de Dios y su Palabra. Amén.

Delcio Källsten

Hechos 26,1-23

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