Jueves 30 de abril

Pues si a ustedes los castigan por haber hecho algo malo, ¿qué mérito tendrá que lo soporten con paciencia? Pero si sufren por haber hecho el bien, y soportan con paciencia el sufrimiento, eso es bueno delante de Dios.

1 Pedro 2,20

Muchas veces suena la pregunta: ¿Por qué me toca sufrir esto? Y puede ser que la respuesta llegue pronto, que hayamos tomado conciencia de nuestra responsabilidad y digamos con sinceridad que lo que nos pasa es consecuencia de lo que hicimos mal, porque tuvimos mala intención o porque nos equivocamos. Tendremos que soportar el “castigo” o la condena social o también de la justicia ordinaria. No hay mérito alguno en esto.

Puede ser que también hayamos escuchado la amarga afirmación: “¡Después de todo lo que hice por ella (o por él), mirá como me paga!”. Y es que suele ocurrir que en lo bueno que humildemente podemos hacer, esperamos también la buena reacción o respuesta. No estamos preparados para recibir lo contrario, eso que nos hace sufrir; porque nos habíamos esforzado mucho y habíamos vencido varias tensiones personales, hasta lograr hacer las cosas bien. Nos preparamos para que nuestro obrar fuera entendido como justo y movido por el amor y no para cualquier reacción. Por eso cuando nos toca sufrir por hacer el bien puede ser que nos desanimemos bastante y que llenos de temores y heridos en nuestra paciencia y en nuestro orgullo, ya no nos sintamos movidos a hacer lo bueno que estaría a nuestro alcance realizar.

En este punto el apóstol Pablo afirma que este sufrimiento por hacer lo que está bien debe ser bien recibido, porque eso es bueno delante de Dios. Esta es una visión diferente de la que solemos tener. Seguramente el apóstol conoció en él mismo y en sus hermanos cuanta bondad puede terminar escondida y reprimida si como creyentes no consideramos y nos preparamos para hacer lo que es bueno siempre, aún cuando tengamos que sufrir por hacerlo. Amén.

Delcio Källsten