Jueves 30 de noviembre

 

 

Ahora, hermanos, en cuanto al regreso de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, les rogamos que no cambien fácilmente de manera de pensar ni se dejen asustar por ningún mensaje espiritual, discurso o carta que reciban como si fuera nuestra, diciendo que el día de regreso del Señor ya llegó.

2 Tesalonicenses 2,1-2

Se ve que desde los mismos comienzos de las comunidades cristianas hubo mensajes de confusión. Personas y grupos que calculaban, o pretendían fijar cuándo vendría el Señor para dar comienzo al reino de Dios.

Es cierto. La fe en el regreso del Señor es una de las confesiones de fe de la primera cristiandad. Él mismo les dijo a los suyos “he aquí, yo regreso pronto”. Pablo coloca en su justo lugar y dimensión el “ahora”. No es ya. Dios lo determinará. Entonces Jesús regresará con todo su esplendor, y vencerá al enemigo. Este enemigo de Dios confundirá primero a las personas y las llevará a la perdición, a la lejanía de Dios.

Esta es una carta de ánimo para permanecer firmes. Elegidos, es decir santificados, y queridos por Dios, llamados para la salvación, seremos parte en su gloria.

También es un fuerte apoyo al camino de testimonio de nuestra propia comunidad local, donde nos reunimos para orar y alabar su nombre. Alrededor nuestro puede reinar la confusión, el desánimo, la maldad. Pero no estamos solos y somos invitados a dar testimonio. Fuimos elegidos.

Con estas palabras, que apuntan al crecimiento y fortalecimiento también de nuestra Iglesia, Pablo anima a los tesalonicenses y a nosotros:

Que nuestro Señor Jesucristo mismo, y Dios nuestro Padre, que en su bondad nos ha amado y dado consuelo y una buena esperanza, anime sus corazones y los mantenga firmes para que todo lo que digan y hagan sea bueno. (2 Tesalonicenses 2,16-17)

Everardo Stephan

2 Tesalonicenses 2,1-12