Jueves 31 de agosto

 

 

El Señor le contestó a Moisés: ¿Crees que es tan pequeño mi poder? Ahora vas a ver si se cumple o no lo que he dicho.

Números 11,23

Estaban muriéndose de hambre en el desierto y Dios les dio el maná que podían moler y hacer pan. Pero después de un rato estaban re-cansados de comer sólo eso y empezaron a protestar por no tener carne como en Egipto. Ya no se acordaban de que allá habían sido esclavos, querían carne. Entonces Moisés se quejó a Dios por el pueblo tan testarudo y protestón que le tocó dirigir y Dios le prometió que les daría carne. Pero Moisés le discutió, porque eran muchísimos y no había tantas vacas y ovejas como para darle de comer carne a seiscientas mil personas. Pero el Señor le contestó: ¿Crees que es tan pequeño mi poder? Ahora vas a ver si se cumple o no lo que he dicho.

¡Y se cumplió! ¡Tuvieron carne todo ese tiempo!

¿No hacemos nosotros lo mismo? Primero le pedimos a Dios que nos ayude, que nos auxilie, y luego también queremos exigir que nos ayude de esa o de la otra forma.

Muchas veces. nuestras oraciones me recuerdan a la lista para los mandados que hacemos con mi esposa: 5 Kg de naranjas, 2 puerros, ½ Kg de zanahorias y 3 berenjenas. Después: oculista por anteojos, pagar ABL en la municipalidad y cobrar a los Amigos del Hogar G. Frers. Traer té verde y 2 l de leche.

Creo que deberíamos repensar nuestra forma de hablar con Dios, de orar.

Primero, expresarle nuestro amor, agradecer por su palabra, por poder hablar con él, por lo que nos regala y cómo nos conduce. Pedir que nos indique qué decir al vecino con sus problemas, qué y cómo orar con nuestros enfermos de la congregación. Después, seguramente habrá tiempo para hablarle más de lo nuestro. Y en toda conversación con Jesús expresar nuestra alegría de poder pertenecerle.

Winfried Kaufmann

Números 11,1-23