Jueves 9 de julio

La mujer dijo entonces a Elías: “Ahora sí reconozco que tú eres un hombre de Dios y que la palabra de Señor está verdaderamente en tu boca”.

1 Reyes 17,24

Los gestos, las acciones, el modo de ser es lo que da consistencia a la palabra. La predicación por sí sola es vacía y sin fuerzas, sin el testimonio de vida.

Mucha gente habla muy bien y dice cosas muy inteligentes, que yo ni estudiando mucho podía lograr decir las hermosas frases. ¿Pero saben una cosa? Lo que más me mueve es cuando aquellas personas que dicen poco, sin embargo sus modos de ser reflejan que viven a Dios y con Dios.

¡Cómo me gusta y qué bien me hace! Cuando siento un abrazo fuerte y sincero acompañado de una sonrisa. Me siento aliviado y hasta diría “sanado” cuando encuentro personas a las que considero amigos que me hacen sentir su amor.

¡Sí! En ellos y ellas reconozco que son mujeres y hombres de Dios que me anuncian palabras de vida y de salud para mí.

Estos últimos años valoro mucho estar al lado de personas que me brindan salud. Que su sola presencia es sanadora y que a veces sin estar todo el tiempo a su lado, sé que cuento con ellas y que me regalan paz, sosiego y calma. Un poco de tiempo saludable en medio de tanta energía negativa que enferma, que desgasta y en donde muchas veces solo siento que me consumo, como si me intoxicara. Reconozco en ellas, de verdad la Palabra de Dios que está en sus bocas cuando tienen palabras de amor y simpatía, no de bronca o celos, envidias o mezquindades… y también reconozco a Dios en sus gestos cuando en las cosas simples saben tocar mi alma.

Gracias mi Señor, fuente de vida y salud porque sos un Dios de sanidad y vitalidad, eres fuente de energía que irradia y se transmite en una caricia, en un abrazo.

Que pueda siempre experimentar la firmeza de tu anuncio y la ternura de tu presencia. Que también puedan verte y reconocerte en mí y en mis gestos, que de verdad hablas Tú. Amén.

Sergio López