La Teología de la cruz es compatible con la Teología de la Liberación

 

Es oportuno hacer algunas consideraciones previas que pueden colaborar a una comprensión más genuina de vivencias, discursos y prácticas de la fe relacionadas con la Reforma Protestante del Siglo XVI y la Teología de la Liberación encarnada en América Latina desde  la segunda mitad del Siglo XX. En primer lugar, como se dice habitualmente “el mapa no es el territorio”, es decir, la expresión escrita de los reformadores y los teólogos de la liberación no representa una copia exacta de las vivencias de millares y millones de personas que, habitualmente, colocamos en el marco de esos movimientos. En cualquier caso nos referimos a visiones representativas pero no absolutas, como cuando nos referimos a Lutero, a Calvino o, en el ámbito de América Latina, a Gustavo Gutierrez, a Juan Luis Segundo o Leonardo Boff. En segundo lugar, las expresiones teológicas, libros, artículos, sermones -aun compartiendo un cauce común- en modo alguno son monolíticas; existen discrepancias de forma, de estilo, de comprensión… Del mismo modo existen diferencias significativas en el ámbito de las iglesias herederas de la Reforma en América Latina y por eso mismo influenciadas de un modo especial por la Teología de la Liberación. En tercer lugar, el contexto de las expresiones teológicas es fundamental para comprender un poco mejor sus fundamentos, sus desafíos… Por eso la Reforma de Lutero en la Alemania del emperador y los príncipes no es la misma que la de Ulrich Zwingli en Zurich, aunque el panorama teológico común es la Iglesia Dominante, en Occidente, cuya estructura responde al Papa asentado en Roma y el espíritu de la época aparece influenciado por el Humanismo y la Escolástica. Aquí en América latina los contextos diferencian los énfasis teológicos aunque comparten la mirada materialista histórica inspirada en los trabajos de Marx y la expresión repetida de los gobiernos de facto, las dictaduras. En cuarto lugar, en el Siglo XVI Dios sigue siendo un “elemento” indiscutible,  presente y dominante. En la segunda mitad del Siglo xx Dios ocupa un lugar mucho más restringido y discutido, o negado abiertamente. En quinto lugar, en tiempos de la Reforma no hay diálogo ecuménico desarrollado, se distingue una sola iglesia verdadera, por esto cualquier extrapolación social, económica, política o ecuménica es inapropiada y constituye un anacronismo.

El elemento común de la Teología de la Reforma y la Teología de la Liberación -que atraviesa las distancias señaladas anteriormente- es la búsqueda de la fidelidad al Evangelio, que responda contextual e históricamente a las necesidades y desafíos contemporáneos. Las herramientas utilizadas son, necesariamente, propias de cada  época. Esto comprende, naturalmente, fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas. Querer ser fiel al Evangelio implica, en cada situación, estar situado y asumir la necesaria provisoriedad de la opción tomada.

La Teología de la Cruz es la expresión clara de una toma de conciencia fundamental: la centralidad de Cristo (Solus Christus). La cruz es el pivote histórico en el que Dios ha dado su sí definitivo al ser humano pecador, el cumplimiento de todas las promesas. El amor de Dios, manifestado como gracia absoluta (Sola Gratia) es irrevocable. Jesucristo (Jesús+Cristo=Salvador+ Mesías) es el único centro y clave para desentrañar la Escritura (Sola Scriptura). Pero la cruz es más que la expresión de un martirio como tantos, es el paso (Pascua) necesario para la Resurrección y la afirmación de la vida plena que constituye la denuncia del sufrimiento y el pecado y la derrota de las fuerzas de la muerte y, por tanto, la fuente inagotable de la esperanza y el seguimiento del Crucificado, quien es también el Resucitado. Es obra de Dios que debe ser aceptada como suficiente por la fe (Sola Fides). Es Dios quien nos hace justos, se trata de una justificación pasiva, su agente es Dios mismo y no nuestras propias fuerzas.

Ahora bien, para no transformarse en gracia barata este don de Dios demanda una vida “santificada”, separada para multiplicar la vida eterna/verdadera en todas las dimensiones de la vida. La cruz hace volar las estructuras, despedaza la jerarquía, revaloriza la vida común, haciendo de cada creyente un sacerdote al servicio del Dios vivo, rasga el velo del templo que impedía el contacto con Dios directamente, acaba con la mediación humana…. La revuelta de los campesinos1 es, por citar un ejemplo, una expresión fuerte de ese sentimiento de igualdad promovido por el sacerdocio universal de los creyentes y la búsqueda de terminar con los privilegios, en una época de mucha miseria y hambre… Son las palabras de Lutero las invocadas por estos hermanos y hermanas… El propio Lutero es quien legitima la respuesta armada de los príncipes. Lutero, junto con otros reformadores, abrió el camino hacia la gracia, pero este camino, en algunos aspectos, también trajo cruz y muerte.

En América Latina, la Teología de la Liberación introduce la mediación socioanalítica, que es el uso de las herramientas políticas, sociales, económicas e ideológicas para leer en forma crítica la realidad (en particular la perspectiva del materialismo histórico). Para poder incidir de manera eficaz y para determinar los desafíos de la fe necesito entender qué está pasando. Luego viene la Biblia; la Teología es el paso segundo. El tercer paso es la praxis, la aplicación concreta, la unión de la reflexión y la acción. Este es el llamado círculo hermenéutico. La Mediación socioanalítica (MSA) descubre las múltiples opresiones, la Biblia me desafía a dar testimonio del Evangelio a través de una práctica liberadora, en medio de un continente azotado por la dependencia económica y las dictaduras.2 Hay muchas cruces que son fruto del pecado estructural y es necesario eliminarlas, trabajar por la liberación. Se trata de construir una nueva iglesia a partir de las comunidades eclesiales de Base, donde se lee la Biblia, se ora y se practica un Evangelio liberador y fraternal. Esto es posible, en parte luego, del Concilio Vaticano II, que coloca la Biblia por primera vez al alcance de los laicos/as. La incidencia de la Teología de la Liberación provocó el silenciamiento y apartamiento de algunos teólogos como Leonardo Boff (autor de Iglesia: carisma y Poder) y  una crítica abierta del entonces Cardenal Joseph Ratzinger (luego Benedicto XVI) de la congregación para la doctrina de la fe del Vaticano.

La centralidad de Cristo sostiene la necesidad de una Teología de la Cruz que puede parecer locura y necedad (Cf. 1 Co. 1,18-25) y, al mismo tiempo, reclama el reconocimiento de la resurrección para adquirir toda su dimensión. La cruz asumida por Dios mismo nos libera para un testimonio decidido del Evangelio, que es ante todo gracia y vida plena. Ese Evangelio es la fuerza para luchar contra las cruces estructurales generadas por el pecado de cualquier época.3 La Teología de la Liberación es una teología contextual que está interesada en incentivar ese compromiso de fe para que tenga relevancia y pertinencia en la vida de la gente, a partir de una lectura comunitaria y liberadora del Evangelio. La compatibilidad de la Teología de la Cruz y la Teología de la Liberación debe ser respondida positivamente, ya que Cristo mismo -quien murió en la cruz- es el motor para una práctica liberadora. Cristo es incompatible con una fe que  resiste  encarnarse en los desafíos contemporáneos, aséptica e insensible. La cruz resiste cualquier división entre cuerpo y espíritu, Teología y praxis. Cada uno de nosotros/as está llamado a ser parte de la búsqueda decidida, aquí y ahora, de un cielo nuevo y una tierra nueva.

Pastor Juan Carlos Wagner

Notas:

1-Masivo movimiento, situado especialmente en Alemania que, según algunos, alcanzó en los años 1524-1525  la suma de 300.000 campesinos agobiados por la miseria, los impuestos y la falta de derechos. La rebelión tenía como fin una distribución más equitativa de los recursos y un alivio de las cargas de todo tipo que gravaban el trabajo. La revolución campesina liderada teológicamente por Tomas Muentzer, promotor de un orden social justo, con abolición de privilegios y disolución de los monasterios, fue ferozmente  aplacada por las armas, muriendo unos 100.000 campesinos, con lo que el orden social siguió privilegiando a los nobles y acomodados. El propio Lutero, con sus escritos sobre la igualdad, movilizó a estos campesinos. Inicialmente, Lutero escribe una carta a los príncipes llamada “Exhortación a la paz”, pero luego de algunos asesinatos provocados por los campesinos los enfrenta abiertamente con su carta “Contra las hordas asesinas y ladronas de campesinos” con lo que libera a los príncipes para devastar el movimiento campesino.

2-El uso de los aportes de las Ciencias Sociales, entre otras, ayuda a terminar con una visión ingenua de la realidad que tiende a reproducir el orden social injusto. El andamiaje socioanalítico constituye el aporte esencial para comprender la realidad de un modo crítico. El aporte más acabado en este sentido es el de Clodovis Boff en su libro Teología de lo político, Ed. Sígueme, salamanca 1980.

3-Es muy importante sostener el término “pecado” que bíblicamente expresa la conducta de alguien que ha perdido la orientación, que está perdido, y por tanto, no sabe adónde va, ni de dónde viene. En esta época de fuertes pecados globales que atentan contra la justicia, la paz y la integridad de la Creación (excelente lema acuñado por el Consejo Mundial de Iglesias) debemos insistir en que las personas colaboramos a construir estructuras de pecado que llevan a la muerte; en el orden económico, en el político, en el social, en el ecológico. Construir estructuras de pecado equivale a levantar cruces de hermanos/as y a poner en juego la propia supervivencia de la Creación. Una estructura de pecado es la representada en la tercera tentación de Jesús, cuando el diablo lo coloca en la cima del mundo y le ofrece el lujo, el poder y el esplendor. La contracara es el sufrimiento, la pobreza y la muerte para la mayoría.

 

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