Lunes 06 de septiembre

Al escuchar estas noticias, me senté a llorar, y por algunos días estuve muy triste, ayunando y orando ante el Dios del cielo. Y le dije: “Señor, Dios del cielo, Dios grande y terrible, que mantienes firme tu alianza y tu fidelidad con los que te aman y cumplen tus mandamientos; te ruego ahora que atiendas a la oración que te dirijo en favor de tus siervos, los israelitas.”

Nehemías 1,4-6a

Nehemías, un simple servidor del rey Artajerjes, muy preocupado con lo que sucedía en Jerusalén que había sido destruida, le pide a Dios que le sea posible ser liberado para ir y reconstruir la ciudad. Pero no era tan fácil esta misión, empezando por la difícil situación de que el rey le conceda poder salir de su trabajo, es decir, una especie de licencia. Eso, sólo que eso sucediera ya era un milagro. Imagínense el poder ir hasta Jerusalén y más aún reconstruir la ciudad. Pero como todo plan, todo proyecto, toda misión debe ir paso a paso. Por eso el primer pedido que hace Nehemías en su oración es que el rey sea bondadoso y le conceda ese permiso.

La situación de Nehemías era difícil, su oración nos permite ver que era una persona de mucha fe y entregada a la voluntad de Dios. Sólo quien confía en Dios plenamente sería capaz de hacer una oración así, tan audaz, pidiendo algo que parecería estar a una distancia inalcanzable. Pero a la mañana siguiente cuando Nehemías va a hacer su trabajo (copero) para el rey, el mismo rey empieza la conversación porque sintió que Nehemías no estaba bien y el primer paso de ese plan fue más sencillo de superar de lo que cualquiera hubiese imaginado.

Hermanos y hermanas, tenemos este testimonio de que cuando todas las puertas parecen estar cerradas, Dios las va abriendo. Como personas de fe, que podamos poner siempre nuestros planes, proyectos, nuestra misión en oración y que se puedan ir realizando según la voluntad de Dios y con la humilde ayuda de nuestros esfuerzos. Seguramente muchos de los planes que tenemos son menos desafiantes que conseguir la licencia de un rey.

//El Señor es mi fuerza, mi roca y salvación//. El Señor es la fuerza de su pueblo, su gran libertador; Tú le haces vivir en confianza, seguro en tu poder. (Para que el pueblo alabe a su Dios Nº 95)

Mariela S. Bohl

Nehemías 1,1-11

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