Lunes 1 de junio

¡Alaben a Dios en su santuario! ¡Alábenlo con toques de trompeta… con arpa y salterio… al son de panderos… con flautas e instrumentos de cuerda… con platillos sonoros… vibrantes! ¡Que todo lo que respira alabe al Señor!

Salmo 150

“La música es un lenguaje universal”, solemos decir. Y es verdad, pues aun si no entendemos las palabras de una canción que está en otro idioma, sin embargo, la melodía y el ritmo de la música pueden producir en nosotros diferentes emociones y sensaciones, pueden remitirnos a recuerdos del pasado, pueden llenarnos el corazón de alegría, de paz, de entusiasmo y nuevas fuerzas. Hay melodías tan sublimes que pueden estremecernos hasta las lágrimas.

Los seres humanos hemos inventado a lo largo de la historia toda clase de instrumentos musicales, de cuerdas, de viento, de percusión y electrónicos. Cuando diversos instrumentos suenan armónicamente pueden emitir las más excelsas melodías. Existen diferentes estilos: música clásica, de décadas pasadas, contemporánea y con ritmos e instrumentos autóctonos.

El autor del salmo 150 enumera todos los instrumentos de antaño que conoce. E invita a utilizarlos para alabar a Dios y no solamente para el deleite personal.En nuestras congregaciones lamentamos muchas veces por la falta de personas que acompañen las canciones en los cultos. Sabemos que hay muchísimas personas que saben música y que tocan instrumentos en otros ambientes, pero no siempre están dispuestas a ofrecer esos dones para colaborar en la iglesia, y acompañar el canto comunitario.

Es mi anhelo que podamos cantar a Dios con alegría y con fervor. Que valoremos la música, las bellas melodías, los ritmos, la armonía de las voces, los dones musicales de las personas y que también estemos dispuestos a ofrendar parte de nuestro tiempo y de nuestros talentos para colaborar en nuestras comunidades, parroquias y congregaciones.

Canten todos sin distinciones entonándole mil canciones: con guitarras, bombos y a viva voz, que todo suene dando gloria a Dios. Pues él nos dio aliento para cantar. ¡Gloria a Dios! (Canto y Fe Nº 177)

Bernardo Raúl Spretz