Lunes 10 de agosto

 

Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él.
Marcos 6,6

Sus vecinos que lo conocían desde niño, que lo habían visto jugar por las calles de Nazaret, que habían frecuentado a José y María, no podían creer todos los conocimientos que tenía Jesús, su sabiduría y poder para hacer milagros.

Jesús no pudo realizar allí ningún milagro, tal como había hecho en otros pueblos. Su gente no lo valoró, no creyó en él.
Dios sigue obrando milagros. Sólo los que no creen no los pueden ver. Dios vive en cada uno de nosotros, el Espíritu Santo continúa obrando maravillas en todas partes del mundo y muchas veces en los lugares más inesperados.

Aquel que toma la decisión de no creer, tampoco quiere comprometerse. Si bien Jesús no nos exige nada, su Espíritu nos da convicción. Dios no promete que no vayamos a tener problemas, pero sí nos da una actitud muy diferente ante ellos. Dios nos acompaña y nos ayuda a soportarlos y a sentirnos bien aún en épocas de tormentas.

Muchas veces, donde se espera encontrar aliento, ayuda, colaboración… puede haber indiferencia, incomprensión e incluso hostilidad. En la vida existen fracasos, batallas perdidas, heridas no cicatrizadas.

Saber integrar las dificultades supone un proceso de madurez y enriquecimiento y una posibilidad de encuentro con Dios, con nosotros mismos y con los demás.

Allí está Jesús, allí está Jesús hablando; en el monte, en la campiña, cerca del mar, junto al templo. Si hablando no le creyeron, sus hechos lo lograrían. (Cancionero Abierto Nº 9)

Sandra Cirulli de Faber
Marcos 6,1-6

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