Por eso, habiendo recibido a Jesucristo como su Señor, deben comportarse como quienes pertenecen a Cristo, con profundas raíces en él, firmemente basados en él por la fe, como se les enseñó, y dando siempre gracias a Dios.

Colosenses 2,6-7

Pertenecer a Cristo y dar siempre gracias a Dios, es la esencia del discipulado, es nuestro andar hacia el Reino. Pero para ello, también hay que estar firmemente arraigados, como árbol de gran porte, y basados sobre un cimiento sólido, que no es otra cosa que la fe recibida.

Este texto nos exhorta a reflejar la realidad de Cristo en la que ahora vivimos por su gracia, y lo hace con estas dos imágenes, la una tomada del ámbito de la biología, echar raíces, y la otra, más estática, del ámbito de la construcción, tener un basamento.

En nuestro caminar, no podemos permitirnos ser ingenuos, porque si todo lo que tenemos es una dinámica de fe sin raíces firmes, entonces no tendremos estabilidad ni fidelidad en nuestras vidas. Pero si todo lo que tenemos sólo son raíces y cimientos, sin dinamismo y cambio, entonces quedaremos atrapados en los vericuetos del conservadurismo.

Que mi vida entera esté consagrada a ti, Señor; que mis manos pueda guiar el impulso de tu amor. (Canto y Fe 307)

Octavio Burgoa

Colosenses 2,1-7

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