Lunes 12 de febrero

 

 

Si lo que el profeta ha dicho en nombre del Señor no se cumple, es señal de que el Señor no lo dijo, sino que el profeta habló movido sólo por su orgullo; por lo tanto, no le tengan miedo.

Deuteronomio 18,22

Después de advertir sobre la necesidad de obedecer al profeta que vendrá y de condenar a los falsos profetas, en este texto se dice que no hay que temer al falso profeta, pero sí saber detectarlo. El profeta verdadero dice cosas que se cumplen, tal vez porque entiende, con la inspiración del Señor, a qué conduce la falta de sensibilidad y de solidaridad. Advierte sobre peligros y también da buenas nuevas. El que no habla palabras del Señor, se aclara además en el texto, habla movido sólo por orgullo; es decir, por la necesidad de destacarse, de favorecerse y de hacer promesas para mantener la aprobación de los demás. ¿Dónde están hoy las voces proféticas? Están en la Biblia y también pueden surgir de todo aquel que le pidió ayuda al Señor y no es orgulloso. ¿Escuchamos los mensajes proféticos? No lo hacemos si la rutina o los medios de información y comunicación captan demasiado nuestro tiempo y nuestros sentidos. El biólogo Konrad Lorenz, investigador del comportamiento animal y ganador del Premio Nobel, se preguntaba por qué una persona que él observó, recorría un hermoso bosque natural con auriculares en sus oídos. Luego decía que llegó a la conclusión de que esa persona no deseaba encontrarse con sí misma. Si nos encontramos con nosotros mismos y además con Dios a través de la oración, vamos a estar preparados para escuchar y difundir mensajes proféticos.

Tomás Tetzlaff

Deuteronomio 18,9-22