Lunes 12 de marzo

 

Un mandamiento nuevo les doy: Que se amen unos a otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes unos a otros.

Juan 13,34

 

Un mandamiento nuevo basado en algo tan antiguo como el amor.

Si contemplamos la creación, lo que nos rodea, lo que hace posible nuestra vida, ¿cómo no apreciar que todo eso es fuente del amor?

Aun así, Jesús necesitó hablar una vez más del amor y dejarlo como un mandamiento. ¿Por qué? Simplemente porque amar no es fácil.

Escuché decir alguna vez a una colega: “Cuando Jesús nos encomendó el amor como un mandamiento nos complicó un poco (o bastante) la vida”.

Porque nuestro amor se reduce (la mayoría de las veces) hacia nuestros cercanos, los que piensan parecido a nosotros, aquellos con los que nos reunimos con más frecuencia.

Un amor así no tiene demasiado mérito a los ojos de Jesús. Él nos dice que hasta los paganos aman así.

Porque amar es mucho más que eso. El Señor nos presenta algo diferente cuando nos habla del amor verdadero y nos dice: Sean ustedes perfectos. (Mateo 5,48)

El amor es un camino que lleva a la perfección porque la propuesta de Jesús es que amemos, bendigamos y oremos -incluso- por aquellos que nos hacen difícil la existencia.

Y sí, tenía razón mi colega al decir que se nos complica un poco la vida con este mandato de Jesús, pero no me cabe la menor duda de que vale la pena intentarlo cada día. Porque no hay nada más poderoso que el amor.

Es la medicina que cura las heridas producidas por gestos, palabras y acciones cargadas de desamor.

Si me falta el amor no me sirve de nada, si me falta el amor, nada soy. (1 Corintios 13)

Carlos Abel Brauer

Juan 13,31-38