Lunes 13 de julio

Anda, regresa por dónde viniste, al desierto de Damasco…

1 Reyes 19,15

El miedo puede ser un mecanismo de alerta y defensa ante un peligro inminente. De escape ante la imposibilidad de enfrentar la adversidad o de parálisis sin saber qué hacer. El profeta Elías, ante el peligro que corría su vida, decide huir y esconderse. Esa es la manera que elige frente a la adversidad. Aunque siente celo por su Dios, el temor puede más. Todos los días somos testigos presenciales o de forma indirecta de las injusticias y atropellos que sufren las personas, los animales y el medio ambiente. Frente a este panorama hay quienes enfrentan la situación organizando estrategias de lucha. Están los indiferentes, no se ven afectados. Y los que se paralizan y huyen escondiéndose en sus cuevas. Los cristianos estamos atravesados por estas tres o más actitudes.

Nuestras congregaciones se involucran, son indiferentes o tienen miedo al compromiso social.

La vieja discusión que se da en el ámbito de la iglesia es: “La iglesia, el cuerpo de Cristo, ¿tiene que participar e involucrarse en los problemas sociales?” La respuesta está en la vida del propio Jesús. Creemos en un Dios que optó, se comprometió, dio su vida por los más vulnerables del sistema. Denunció abiertamente las causales del pecado. Cuando sus discípulos lo persuadían de que se escondiera, porque lo querían matar, él dio la cara, hizo público su mensaje, amó aún a quienes lo golpeaban, torturaban, mataban. Así como Dios le pregunta a Elías qué hace allí… nos pregunta a cada uno de nosotros: ¿Qué estamos haciendo?

¿Por qué estamos escondiéndonos? ¿A qué le tememos? ¿Tememos ser libres, ser dignos, a luchar con coraje y convencimiento las batallas que se dan en el desierto de la vida? ¿Tememos no soportar el calor abrasador del día y el frío inmenso de la noche? Miedos entendibles… lo bueno es que no los enfrentamos solos. El oasis que representa Dios en las luchas cotidianas nos dan la frescura y descanso necesario para continuar la travesía.

Jorge Buschiazzo

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