Lunes 14 de Octubre

 

Hipócritas, ¿por qué me tienden trampas?

Mateo 22,18

En Mateo 22 se relatan encuentros en que se tienden trampas a Jesús. Al descubrir la intención de estas personas, Jesús las llama directamente: hipócritas. Integrantes de los partidos de los fariseos que, junto con gente del partido de Herodes; se acercaron a Jesús para tenderle una trampa con palabras dulces: sabemos que tú dices la verdad, que enseñas a vivir como Dios exige. Sabemos que no te importa la opinión de la gente.

Así funciona casi siempre la trampa: envuelve a tu adversario en miel, con palabras dulces, y quedará pegado en esa red. De esa manera tu adversario se siente halagado y entra en confianza. Después debes hacerle una pregunta por un “sí” o un “no”, y le sacas la respuesta que causa problemas. Por eso pusieron a Jesús la pregunta: ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?

La trampa es obvia. Si Jesús respondía “sí”, habría sido traidor del pueblo que luchaba por su independencia. Si respondía: “no”, sería considerado un evasor, un rebelde contra los romanos, y esto llevaría a un juicio.

Jesús no respondió ni “sí”, ni “no”, sino dio una respuesta muy interesante. Se dio cuenta de que en esa pregunta se escondía la traición en la mente de ellos: evadir impuestos que es un delito. Las monedas son el símbolo de la trampa. Así, Jesús pidió una moneda y preguntó: “De quién es esta cara y el nombre que aquí está escrito?” Y le dieron la respuesta: ‘del emperador´. Entonces Jesús respondió: “Pues, den al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios.

Se fueron con vergüenza. No habían esperado una respuesta tan astuta que era una advertencia. Hasta hoy, una advertencia importante: Den al emperador (al estado) los impuestos – sin evasión de alguna parte de ellos.

¿Y qué podemos dar a Dios? Agradecimiento, compartir el tiempo con otros, tratar a los ajenos con respeto y amor, aportar dones y dinero para la iglesia… y mucho más, que verás en el transcurso de cada día. Amén.

Günter Kreher

Mateo 22,15-22