Lunes 14 de septiembre

 

Nosotros no nos predicamos a nosotros mismos, sino que proclamamos a Jesucristo como Señor, y nos declaramos siervos de ustedes por amor de Jesucristo.

2 Corintios 4,5

Hace un tiempo alguien en una charla me dijo: “Ustedes los pastores cuando hablan son la voz de Dios”.

En relación a esto que me dijeron, este texto nos tiene que hacer pensar como así también reflexionar sobre la seriedad y responsabilidad que tenemos cuando predicamos.

Todos los que somos parte de la iglesia, ya sea pastores o laicos, predicamos no sólo con nuestras palabras, sino con nuestros gestos, acciones y somos llamados a vivir responsablemente nuestra fe, ya que muchos nos están escuchando, y observando para ver nuestra coherencia, por eso nos debemos preguntar: ¿a quién estamos predicando? ¿A Cristo? ¿O a nosotros mismos?

Predicamos a Cristo cuando nuestras palabras le ponen nombres a las cosas, cuando decimos la verdad frente a lo que sucede a nuestro alrededor.

Predicamos a Cristo cuando nuestras palabras dan consuelo y fortaleza a nuestros hermanos y hermanas en medio de las situaciones duras que atraviesan.

Predicamos a Cristo cuando nuestras palabras ayudan a que cada persona pueda crecer, pueda compartir los dones que tiene y se pueda sentir valorada como así también amada.

Predicamos a Cristo cuando compartimos, cuando vivimos el ser-vicio, cuando hacemos diaconía, cuando frente a cada gesto de solidaridad que realizamos recordamos que lo hacemos en el nombre del amor al que nos llama Jesucristo.

Predicamos a Cristo cuando nuestras palabras no nacen del fanatismo, de la obsecuencia, sino de buscar claridad para nuestra vida y para la de nuestros hermanos a través de la luz del evangelio.

Javier Gross

2 Corintios 4,1-6