Lunes 17 de febrero

 

Cuando he estado con los que son débiles en la fe, me he vuelto débil como uno de ellos, para ganarlos también. Es decir, me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos. Todo lo hago por el evangelio, para tener parte en el mismo.

1 Corintios 9,22-23

Hace casi dos mil años, el escritor romano Marco Favio Quintiliano escribió en latín: Suaviter in modo, fortiter in re, en castellano: suave en el modo, firme en la cosa o en el fondo. Propone usar modos agradables y amables al tratar un tema, pero sin negar los propios principios. Es esto lo que está proponiendo el apóstol Pablo. En 1 Corintios 9,19-23, explica que siendo misionero de tantas personas diferentes tuvo que combinar la suavidad en el trato con la fuerza de su firme

convicción.

Es curioso y llamativo que muchas veces invertimos ese consejo. Mostramos dureza en las cuestiones menores, formales o casi insignificantes; y por el otro lado nos ablandamos a la hora de sostener las cuestiones fundamentales de nuestra fe. Tanto creyentes individuales como autoridades de iglesias suelen camuflarse con la “opinión general”, repitiendo lo que está de moda y lo que es “políticamente correcto”. Emplean un lenguaje o toman decisiones que gustan a determinados sectores, a veces sin preguntarse si lo que sostienen es bíblica y teológicamente correcto. Si la iglesia está llamada a ser sal, levadura y luz para el mundo, pero repite simplemente lo que otros dicen, proponen y hacen,

¿dónde queda su verdadero aporte? Si la sal pierde su fuerza, no sirve para nada. Será echada a la calle y allí la pisotearán. El Señor no nos llama a hacerles el gusto a determinadas corrientes que hoy están de moda y mañana se desvanecen, pues así seremos apenas idiotas útiles a fines ajenos. Nos llama a dejarnos usar por Él para dar testimonio de su Evangelio, con firmeza de convicción, y a la vez con todo el amor necesario y posible en el acercamiento respetuoso, el trato amable y el diálogo sincero con quienes nos encontramos.

Rene Kruger

1 Corintios 9,19-23