Lunes 17 de junio

Hay quienes reparten y les es añadido más, y hay quienes retienen más de lo justo y acaban en la miseria.

Proverbios 11,24

DESCARGAR EL AUDIO

Hay quien presta sin esperar que se le devuelva, quien da una mano generosa a quien necesita, y no suele pensar en cobrar o recibir algo a cambio. Del otro lado hay quien recibe generosamente y que al momento sabe que podrá intentar pagar o devolver el favor, pero que no lo podrá hacer. Sólo puede agradecer mucho. Esto es algo que también muchas veces sucede.

Hay quienes pudiendo ofrecer, dar, compartir o ayudar no lo hacen. Ninguna ley humana los condena por eso, pero no es justo ante los ojos de Dios. Tampoco es bueno, porque ese es el camino que lleva a la miseria. Una “miseria auto adquirida” diríamos. Una miseria diferente a la que la gente sufre por causa del mal y las injusticias del mundo. La miseria que buscamos y nos encuentra por nuestra mezquindad, avaricia o egoísmo es de difícil solución porque la deseamos, la terminamos amando y se adueña de nuestro corazón. El autor de los Proverbios parece estar pensando en esa clase de miseria.

Quien comparte de su pan, de sus bienes o lo que sea, descubre que se le ha añadido más a lo que dio, y que así se hizo poseedor de algo mucho más importante de lo que dio. Ya que al repartir con generosidad transformó eso que dio en algo mucho más valioso de lo que era antes, pues trajo gran alivio, cubrió una necesidad urgente, devolvió la paz a una persona o su familia o dibujó una sonrisa en el rostro de alguien.

Quien comparte también se contagia de esa alegría, y mientras da se va uniendo a la gente, sus vecinos, amigos o desconocidos. Quien reparte, difícilmente esté solo o sola en la vida. No conocerá la miseria.

Concédenos, Señor, un buen corazón y un espíritu recto y generoso para que podamos gozar de la alegría de dar con desprendimiento. Amén.

Delcio Källsten

Proverbios 11,24-31