Lunes 19 de febrero

 

 

Moisés, junto con los ancianos de Israel, le dio al pueblo la siguiente orden:

“Cumplan con todos los mandamientos que hoy les mando cumplir”.

Deuteronomio 27,1

Libertad – ¡por fin! Es lo que habrán sentido la mayoría de los israelitas al haber arribado a la tierra prometida. Libertad de la opresión en Egipto, de la explotación en el sistema de esclavitud.

Llegados a la tierra prometida, ¡libres por fin!

¿Te habrás sentido así alguna vez?  Libre por fin, y adulto – yo recuerdo ese sentimiento de cuando a los 19 años salí de la casa paterna para ir a la universidad. Seguramente también conocerás ese sentimiento de haber alcanzado por fin una meta anhelada, una situación esperada.   

Y entonces, de pronto notamos que necesitamos reglas para la convivencia. No es para volver a abandonar la tan ansiada libertad, sino para conservarla. De repente, en primer lugar ya no se trata de habernos liberado de algo, sino para qué somos libres. ¿Cómo queremos vivir en libertad? ¿Qué dejaremos que nos guíe?

Cuando los israelitas llegan a la tierra prometida Dios les da los 10 mandamientos. Estos mandamientos no reducen la libertad que Dios otorga, sino que la garantizan. Siguen siendo válidos para nosotros, las cristianas y los cristianos, al igual que para el pueblo de Israel. Acatando los mandamientos agradecemos a Dios por la libertad y guiamos nuestras miradas hacia el futuro.

El cristiano es libre señor de todas las cosas y no está sujeto a nadie.

El cristiano es servidor de todas las cosas y está supeditado a todos. (Martín Lutero: De la Libertad Cristiana, 1520)

Heike Koch         

Deuteronomio 27,1-10