Lunes 2 de octubre

 

Todo el que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido.

Lucas 14,11

En un tiempo neoliberal y consumista como el actual es difícil no confundir los valores y caer en el fariseísmo, aparentando ser más de lo que somos. La humildad supone el reconocimiento de la verdad de los demás y genera un enriquecimiento mutuo. Reconocer sinceramente los valores de los demás es una exigencia humana, cristiana y universal.

¡Cuántas actitudes contrarias a la humildad se manifiestan hoy día!, como la prepotencia y la autosuficiencia, los que siempre se sienten con derechos frente a los demás, los que buscan aparentar lo que no son… y tantas más que podemos visualizar.

Los convidados “a las bodas” de este pasaje, se sienten envueltos por el amor y ternura de Jesús, que se manifiesta dando prioridad al encuentro y el compartir con los necesitados.

Según Heinrig Böll, en el Nuevo Testamento “hay una teología de la ternura que tiene efectos terapéuticos: a través de palabras, o bien por la imposición de manos – que bien puede ser una caricia, o bien por un beso, por una comida amistosa. Y según su opinión “todo esto ha quedado totalmente perdido y olvidado debido a un juridicismo a lo romano, que lo ha convertido en dogmas, principios, catecismos”.

Pensando en los humildes podemos orar juntos el Salmo 138,4-6

Oh Señor, todos los reyes de la tierra

te alabarán al escuchar tus promesas.

Alabarán al Señor por lo que él ha dispuesto,

Porque grande es la gloria del Señor.

Aunque el SEÑOR está en lo alto,

se fija en el hombre humilde,

y de lejos reconoce al orgulloso.

Ana y Francisco Köstlin

Lucas 14,7-14; Lectura de referencia: Mateo 23,8-12

Canto y Fe – Himno Nº 167-“Te alabarán, oh Señor”.